Venezuela: de la pesadilla al sueño

Venezuela: de la pesadilla al sueño

Febrero 05, 2019 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Finalmente, tras un largo pulso, Nicolás Maduro salió del país con un reducido grupo de militares y chavistas de viejo cuño al exilio dorado. Gracias a gestiones diplomáticas lideradas por el Grupo de Lima se evitó un baño de sangre, los militares se acogieron a la amnistía, los colectivos fueron desarmados con incentivos personales a sus integrantes y la transición hacia la transición fue más o menos pacífica. El presidente interino Juan Guaidó cumpliendo con la Constitución bolivariana convocó a elecciones presidenciales monitoreadas por organismos internacionales bajo un renovado Consejo Nacional Electoral.

El triunfador en las elecciones llegó a Miraflores acompañado por las multitudes que celebraban el final de la larga noche chavista que había traído el apocalipsis al bravo pueblo. Entró a la ornamentada instalación y se dirigió a su oficina. Comenzaba la faena.

En su escritorio reposaban pilas de documentos describiendo la calamitosa situación del país. La producción petrolera apenas llegaba a 500 mil barriles diarios, hacía años no se renovaba la maquinaria y por falta de inversión extranjera no había nuevos pozos. Los 150 mil empleados constituían un lastre insoportable para Pdvsa, máxime cuando en 1999 se producía tres veces más con un cuarto de la planta.

Venezuela otrora sede de grandes multinacionales ya no producía nada, las bodegas se habían convertido en elefantes blancos por la quiebra en que las habían sumido los militares que las administraron tras las expropiaciones masivas. La carencia de alimentos y medicinas se había paliado en parte gracias a las ayudas que llegaron al país tras la salida de Maduro, pero aún eran insuficientes. El sistema educativo yacía en ruinas, muchos maestros se habían marchado al exilio, las paredes de las escuelas se estaban cayendo a pedazos, las universidades funcionaban a duras penas por inercia gracias a algunos profesores idealistas y patriotas que permanecieron en su lugar y los estudiantes que no tuvieron la oportunidad de irse.

Los hospitales eran cascarones derruidos sin equipos, insumos, o medicinas. Los pocos médicos que fieles a su juramento hipocrático aún ejercían trabajaban ‘con las uñas’. Las reservas del Banco Central habían caído a un mínimo histórico al igual que el oro nacional. La luz se iba a cada rato, la infraestructura era apenas una sombra de lo que fue y la inseguridad era la mayor del planeta.

El (la) presidente se tomaba la cara con ambas manos preguntándose por dónde empezar. La tarea era titánica. El Fondo Monetario Internacional había aprobado un crédito flexible, varios países que apoyaron la transición se habían comprometido con ayudas, la mayoría de las cuales no habían llegado aún. ¿Por dónde empezar? Sabía que la paciencia de la gente se agotaría si los problemas básicos de alimentos, medicinas, seguridad y electricidad no eran resueltos de manera célere y oportuna.

Reunió a su gabinete ministerial e impartió instrucciones. Se emitieron los primeros decretos: se eliminaba el Bolívar y se decretaba la dolarización de la economía ante la insostenibilidad de la moneda nacional. Se establecía una tasa preferencial para cambiar bolívares soberanos por dólares por un corto periodo. Las empresas expropiadas se devolvían a sus dueños originales. Se establecía un plan nacional de emergencia para distribución de alimentos y medicinas mientras se normalizaba el mercado. Se invitaba a las multinacionales petroleras a excavar nuevos pozos y modernizar los equipos. Pdvsa se dedicaría principalmente a otorgar las concesiones, comprar el petróleo extraído y comercializarlo. Su planta se reduciría en un 75 % para hacerla viable.

El largo, doloroso e incierto proceso de reconstrucción nacional, económica y social comenzaba.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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