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Los kurdos y su perseverancia

Octubre 15, 2019 - 11:35 p. m. Por: Marcos Peckel

Una vez más el pueblo kurdo ha sido traicionado, algo que ha ocurrido en ocasiones pasadas, esta vez por Estados Unidos, antes por otros, a lo largo de la atribulada historia de este milenario pueblo, víctima de la brutal geopolítica del Medio Oriente.

La formación de los Estados en la creciente fértil del Medio Oriente se da tras la Primera Guerra Mundial como producto de la repartija colonial entre Francia e Inglaterra y las fuerzas locales que lograron labrarse su espacio y soberanía en esa turbulenta región. Kurdistán -el país de los kurdos- se había creado en el tratado de Sèvres de 1920 por las potencias triunfadoras en la guerra. Sin embargo, tres años después con el tratado de Lausana, por presión de la recién formada República Turca, Kurdistán desapareció y los territorios de esta nación fueron rapiñados por Turquía, Siria, Iraq e Irán. Lausana, primera traición al pueblo kurdo, deshacía de un plumazo los derechos nacionales de los kurdos, pueblo no árabe de origen medo-persa, que habla su propio idioma y que en su mayoría adoptaron el islam sunita en el Siglo VIII.

40 millones de kurdos constituyen el pueblo más grande del mundo sin Estado, ha sufrido todo tipo de discriminación, persecución y marginación y su lengua y cultura prohibidas. Solo en Iraq gracias a diversos desarrollos históricos, varios de ellos desengaños similares al actual, gozan los kurdos de holgada autonomía.

Desde los inicios de la guerra en Siria los kurdos establecieron una zona autonómica sin tomar parte a favor o en contra de Assad. La región kurda fue objeto del asedio del Estado Islámico en su acelerada expansión por el Levante. En la legendaria batalla por la ciudad kurda de Kobani, Isis sufrió su primera derrota militar tras la cual la milicia kurda, hombres y mujeres, se constituyó en el más fiel aliado de Occidente en su guerra contra los yihadistas. Kobani es hoy víctima de los bombardeos turcos.

La milicia kurda hasta hace una semana aliada de Estados Unidos en su lucha contra Isis, no cuenta con el armamento necesario para enfrentar al ejército turco por lo cual no debe sorprender la decisión tomada por los kurdos sirios de recurrir a no otro que Bashar al-Assad, permitiéndole al ejército sirio ocupar los territorios autónomos que los kurdos controlaban desde 2012. El menor de los males es quizás un Assad débil que una Turquía a la caza de kurdos.

El ‘Waterloo’ de la política exterior de Estados Unidos en Siria no comenzó con Trump, por el contrario, fue quizás más nociva la de su predecesor Barak Obama con su célebre ‘línea roja’ que no cumplió tras el uso de armas químicas por parte de Assad. La inacción de Obama en Siria le sirvió el país en bandeja de plata a Putin e Irán, mientras que Estados Unidos se desgastaba en su guerra contra Isis tanto en Siria como en Iraq.

Con la invasión de Turquía, rechazada por casi todos los países del mundo incluidos sus vecinos árabes, la guerra en Siria entra en una nueva fase en la que el gobierno sirio de Assad no tiene influencia alguna en el futuro de su destruido Estado el cual queda a merced de actores externos: Irán, Turquía e Israel además de Rusia y Estados Unidos. Un país árabe cuyo destino depende de los tres países no árabes del Medio Oriente.

Entre tanto los kurdos tienen una vez más que acomodarse a una realidad dictada por intereses geopolíticos sobre los cuales tienen poco control.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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