Columnistas
Manos que reparten el pan
Nos gustaría dar pan a todo el que tiene hambre, pero solo de Dios viene la bendición que rompe nuestro egoísmo y libera nuestras manos cerradas para compartir con los demás.
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2 de ago de 2026, 12:26 a. m.
Actualizado el 2 de ago de 2026, 12:26 a. m.
Por: Germán Martínez R, Vicario Episcopal para la Educación
En este domingo 2 de agosto resuena en los templos uno de los pasajes más impactantes del Nuevo Testamento: La multiplicación de los panes (no deja de sorprender que es el único episodio de la tradición de Jesús que se narra seis veces: Mateo 14,13-21; Mateo 15,32-39; Marcos 6,32-44; Marcos 8, 1-10; Lucas 9, 10-17; Juan 6,1-13).
Es el Evangelio, la Buena Noticia del pan que rebosa de las manos, de los doce canastos que sobran, de las manos que parten y reparten: de los discípulos a Jesús, de él a los discípulos, de los discípulos a la gente, gran enseñanza: abramos las manos, no retengamos el pan que Dios ha dado a la humanidad, abramos los puños (siempre a la defensiva, cerrados en clave indiferente y violenta).
Contrasta la solución ‘realista’ de los discípulos: la gente debería ir a comprar o buscar comida en las aldeas cercanas; en cambio Jesús de Nazaret “sintió compasión” (el famoso verbo griego “entrañas de misericordia”), la agenda de Jesús la dicta el “el dolor humano”, es el Dios apasionado que sufre con nosotros, con rasgos maternos: reúne, nutre y alimenta cada vida.
Ya decía el recordado Papa Francisco: “La religión no existe solamente para preparar almas para el cielo: sabemos que Dios desea la felicidad de sus hijos/as aquí en tierra” (Evangelii gaudium, 182). Y el no menos grande León XIV en la solemnidad del Corpus Christi, el pasado 7 de junio en la plaza de Cibeles, Madrid, invitaba a los presentes a entrar en la “escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. Y golpea también el gesto de Jesús: “Levantando la vista al cielo, pronunció la bendición”.
Bendecir en la Biblia significa multiplicar. Dios quiere la abundancia para todos, los que no vemos las maravillas de Dios optamos por “agarrar”, “acaparar”, “guardar para nosotros mismos”, “especular con la escasez”. En el ofertorio de la Misa dice el sacerdote: Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan fruto de la tierra y del trabajo del hombre”. Significa que Dios ha hecho a cada persona administradora de la creación”, no acaparadora de ella.
Nos gustaría dar pan a todo el que tiene hambre, pero solo de Dios viene la bendición que rompe nuestro egoísmo y libera nuestras manos cerradas para compartir con los demás. Vayamos hoy domingo a la multiplicación de los panes, es el Pan de Dios, es el pan de nuestra Eucaristía, el pan regalado a todos porque Dios es abundancia, Dios es Resurrección.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.







