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Mamarrachos jurídico-políticos

Se enfrentan a la dura realidad de una derrota inminente, producto de su desconexión con el pueblo, su soberbia y su sectarismo...

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| Foto: Diana Rey

14 de jun de 2026, 12:27 a. m.

Actualizado el 14 de jun de 2026, 12:27 a. m.

Se acerca la segunda vuelta y crece el nerviosismo. La campaña del ‘Tigre’, tranquila pero en alerta, continúa con viento de cola, fiel a su estilo de mensajes claros, confianza y esperanza. Mientras la de De la Espriella y Restrepo irradia luz y alegría, la de Cepeda y Quilcué se ve opaca y sombría. Se enfrentan a la dura realidad de una derrota inminente, producto de su desconexión con el pueblo, su soberbia y su sectarismo, y ya no saben qué más hacer para evitar el hundimiento de la campaña.

Como resultado, se han inventado toda suerte de acciones y proclamas jurídico-políticas, valiéndose de espontáneos ‘independientes’ —o actuando directamente—, en un intento desesperado por enjaular al Tigre.

Trataron de prohibir, a través de una acción de tutela, el uso de la camiseta de la Selección, pero el mamarracho jurídico les salió mal. No solo fue revocada la medida cautelar que prohibía su uso, sino que la camiseta se convirtió en un símbolo abelardista contra el comunismo y el mal gobierno.

Pero los errores no terminaron ahí. En un intento de victimizar al presidente, la representante Gloria Arizabaleta decidió suspenderlo dentro de un proceso disciplinario por supuesta participación en política. La representante —que, a propósito, es del Pacto Histórico— decidió aplicar el Código Disciplinario a la actuación, como si el presidente fuera cualquier hijo de vecino, desconociendo las normas constitucionales. Todo un despropósito jurídico, pues, en el caso del presidente, la Cámara de Representantes acusa y el Senado juzga. No hay medidas cautelares de suspensión, aunque sí existe suspensión automática en caso de que el Senado admita la acusación. La jugadita era relativamente sencilla: suspenderlo para victimizarlo y permitirle participar en política libremente. El cuento, por supuesto, nadie se lo creyó, y la Procuraduría suspendió a la representante Arizabaleta.

Por otro lado, varios juristas sacaron del cubilete otro mamarracho jurídico, según el cual la nacionalidad estadounidense por naturalización de De la Espriella sería —o podría ser— incompatible con el ejercicio de la Presidencia. Los juristas, en lugar de apegarse a los requisitos constitucionales colombianos, indicaron que el juramento de naturalización estadounidense implicaba una renuncia a lealtades frente a otros Estados, lo que tendría efectos jurídicos en Colombia. ¡Vaya tesis! Paralelamente, el Consejo de Estado, que conocía una demanda de nulidad electoral contra la inscripción de De la Espriella con base en la doble nacionalidad, decidió rechazarla al indicar que se trataba de un acto de trámite. Así, la campaña de Cepeda recibió sendos golpes de opinión ante la ligereza de estas maniobras.

Finalmente, ante la desesperación, Petro manifestó que el presidente Trump, al apoyar a De la Espriella mediante una publicación en X, estaba incumpliendo la Constitución de ambos países. Cepeda también pidió que la Fiscalía y la Corte Penal Internacional investigaran a De la Espriella por financiación del terrorismo, enriquecimiento ilícito y otros delitos. Estas manifestaciones, que no tienen ningún tipo de asidero jurídico, son simples patadas de ahogado ante la debacle electoral.

Por fortuna para el país, la campaña de De la Espriella va a todo vapor y este puede decir, al mejor estilo de la frase apócrifa atribuida a El Quijote: ladran, José Manuel, luego cabalgamos hacia la victoria.

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