Un americano en París

Un americano en París

Noviembre 15, 2018 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

No voy a hablar de la legendaria película de Gene Kelly sino de la desastrosa visita a París del presidente Donald Trump, durante el centenario del armisticio de la Segunda Guerra Mundial, atendido por cerca de 80 jefes de Estado de todo el mundo. Un evento que se proponía amable, pacífico y sobre todo apolítico y resultó agresivo, violento y muy politizado. Trump llegó a París con cara larga y a pelear. Macron lo esperaba hipócritamente cortés pero bien preparado para la pelea. Una verdadera guerra se armó y las especulaciones abundan. Veamos.

Justo antes de abordar el avión oficial que lo llevaba a París junto a su glamurosa esposa, Trump, en un tuit, regañó a su anfitrión francés para decirle que sus deseos de tener un ejército puramente europeo para “defenderse de China, Rusia e incluso Estados Unidos” le pareció “insultante” y lo envió a pagar sus deudas a la Otan que Estados Unidos financia generosamente, precisamente con el fin de proteger a Europa.

Ni corto ni perezoso el joven Macron esperó su momento para contraatacar el regaño y lo hizo cuando tomó la palabra en medio de la muy pomposa ceremonia del centenario, al denunciar el “nacionalismo” como enemigo y traición del patriotismo, a sabiendas que Trump ha hecho de este la esencia misma y la razón de ser de su Administración y que “América primero” es su bandera. Y no solo eso. Tanto en su discurso como en la organización del evento y en sus gestos, Macron ostentó la provocadora relación especial que alimentan Francia y Alemania y su pretensión de poder subsistir sin la ayuda o la participación norteamericana. Un comportamiento que a los ojos de Trump resulta agresivo, ingrato y traicionero.

Otra bofetada de Macron a Trump fue sin duda la escogencia (deliberada) de la cantante negra (originaria de Benín) Angelique Kidjo para amenizar el solemne evento, también a sabiendas que hace un año ella había cantado y liderado la famosa marcha de mujeres contra Trump en Estados Unidos, convirtiéndose en símbolo de la oposición contra su Administración. Además Trump se sintió humillado y muy aislado todo el tiempo en París. Con China no la va, con Canadá menos (había tildado a Justin Trudeau de deshonesto), con Inglaterra tampoco, con Rusia no puede acercarse demasiado sin levantar sospechas. De allí que su comportamiento durante todo el evento fue de un hombre sumamente disgustado que se quitó la mascara protocolaria para dejar ver su aburrimiento, impaciencia y cansancio.

No asistió al ‘Foro por la Paz’ que se llevó a cabo con los demás invitados, probablemente porque sabía que iban a hablar de globalismo y multiculturalismo que el combate ahora. Y tampoco atendió la conmemoración de los soldados norteamericanos muertos durante la guerra alegando mal tiempo y lluvias, pero los observadores lo atribuyeron a un agotamiento físico (Trump acababa de cumplir con una intensa campana electoral en casa) o preocupaciones domésticas, varias relacionadas con los problemas de conteos de votos en Florida y Georgia, una seria acusación contra un hijo, los incendios en California, las caravanas de migrantes, etc.

Por lo tanto, Trump esperó llegar a casa para responder a las afrentas sufridas en Francia. En un tuit dijo que los franceses “habían comenzado a aprender a hablar alemán hasta que Estados Unidos los salvó de esas garras”. Y en otro declaro que Macron actuó en su contra por envidia y amargura ya que en los sondeos registra una tasa de aprobación de menos del 26 % y desempleo del mas del 10 %. Verdades que duelen y tendrán repercusiones el próximo 30 de noviembre en Buenos Aires, durante el encuentro del G20.

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