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¡Las palabras cuentan!

Abril 08, 2021 - 11:35 p. m. 2021-04-08 Por: Liliane de Levy

Las palabras cuentan y muy especialmente cuando salen de boca de un jefe de Estado. Cuando Donald Trump insistió que las elecciones presidenciales que perdió fueron manipuladas, de inmediato sus seguidores marcharon sobre el Capitolio a reclamar reparos de la manera más brutal.

Las palabras de su jefe los incitaron a la violencia. Ahora cuando su sucesor Joe Biden en un mensaje bondadoso y generoso invitó a todos los inmigrantes que aspiran vivir en los Estados Unidos a hacerlo y que su nueva administración los acogería con los brazos abiertos, también se metió en problemas.

Porque, muy ilusionados, llegaron por miles huyendo de la pobreza y la inseguridad de Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador y más países a las fronteras norteamericanas con México a pedir el asilo prometido. Abandonando sus hogares y dispuestos a someterse a los más duros trajines con tal de lograrlo. Llegaron en buses amontonados, en carretas o a pie, después de recorrer largos y tortuosos caminos, y resistir hambre y atracos y en la mayoría de los casos pagando sumas exorbitantes a traficantes que cobraban sin compasión para encaminarlos a su destino, al paraíso.

Muchos murieron en el intento. En la frontera encontraron que la invitación de Joe Biden tan generosa y bondadosa resultó difícilmente aplicable, incluso irresponsable. Su administración tiene buenas intenciones pero no está preparada para cumplirles. De modo que las autoridades norteamericanas comenzaron a devolver a los adultos que llegaban solos y permitieron a las familias ingresar a Estados Unidos.

Luego cuando vieron que los inmigrantes se organizaron en ‘familias’ numerosas y llegaron masivamente, devolvieron a las familias para declarar que -por el momento-solo aceptarían a los menores no acompañados. Y otra vez fueron desbordados y sin encontrar la manera de atenderlos a todos.

Se calcula que en el solo mes de marzo los inmigrantes pidiendo asilo en Estados Unidos sumaron los 171 mil y 20 mil menores, no acompañados, se encuentran en custodia, hacinados en centros de ‘protección’ en números de 500 dentro de espacios destinados a 32, y sin todavía saber qué hacer con ellos. La situación migratoria en las fronteras de Estados Unidos se ha vuelto dramática y refleja una crisis humanitaria sin precedente. Los medios denuncian hambre, agresiones sexuales, y el coronavirus que se propaga.

Con historias dolorosas como la de una camioneta que llevaba escondidos a 25 inmigrantes y se accidentó y murieron la mitad de sus ocupantes. O de aquel niño nicaragüense abandonado por los traficantes que lo llevaban y que vimos llorando desesperadamente y solo en el desierto. O los padres que lanzaron a sus hijas por encima de una cerca y se fueron, o los dos pequeños de seis y cuatro años que llegaron solos a la frontera con un número de teléfono en el brazo para supuestamente poder reunirlos con amigos o parientes residentes en Estados Unidos o la niña que se ahogó al tener que atravesar un río... Cuentos de horror que se escuchan y sin solución razonable a la vista. Y no por falta de voluntad sino porque Joe Biden no midió los alcances y los límites de sus medios de hospitalidad y rescate antes de abrir sus brazos para acoger a los inmigrantes.

¿Y ahora qué hacer? Los expertos opinan que solamente una reforma de las leyes migratorias norteamericanas (que no fueron revisadas en los últimos 30 años) podría conseguir el sistema realista que pueda soportar la tarea y reflejar los valores del país sin hacerse daño. En esta reforma no se descartaría continuar la construcción del tan vilipendiado muro de Trump para incluirlo en las soluciones buscadas.

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