Entre la vida y la muerte

Entre la vida y la muerte

Junio 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

La violencia y la inseguridad de esta ciudad no pueden convertirse en temas volátiles, en donde les metemos la ficha con fuerza un día, oímos helicópteros por doquier, vemos patrullas en cada calle, incontables retenes, se debaten nuevas medidas de protección, rechinan las alarmas; pero luego es como si la euforia pasara y el silencio, que refiere a la falta de soluciones inmediatas, al menos mínimamente visibles, se volviera absoluto. Este ‘negocio’ del miedo, ese temor constante a ser víctimas, se ha convertido en un sentimiento que resulta bastante costoso para la sociedad. No estamos exentos de él y cada día nos consume más. Hoy mi columna la cedo a Luis Felipe Martínez Sanclemente, hijo de María Olga, testigo de la abominable situación que hoy vivimos en Cali y cuyas palabras, como pocas, no se las llevará el viento.“Encontrar una respuesta para lo que pasó con mi mamá es inútil; describir su paso por este mundo es definitivamente fácil. Sin embargo, no pretendo hablar ni de lo infectada que está nuestra sociedad ni de todas las bondades y las cualidades que ella tenía. Eso es lo que siempre hemos leído en los periódicos: la brutalidad de alguna gente; y por otro lado, lo maravillosas que fueron algunas otras personas, como mi mamá. El mensaje que traigo hoy, que quiero compartir con todos los lectores, es de reflexión y de lo que como miembro de esta sociedad pienso. Traigo, como único sustento, mi corazón y el sentido que le encuentro a la vida misma. Un suceso como éste, poco a poco va pasando al olvido. Como me dijo una vez mi papá: ‘A la misa de aniversario de la muerte de Luis Ernesto (el papá de mi mamá) no va a haber ni la mitad de los que estuvieron el día de su despedida’. Y así fue. Es perfectamente normal y entendible, porque la vida continúa, los recuerdos que la gente tenía de él –y ahora de mi mamá- permanecerán en los corazones de todos los que tuvimos la suerte de conocerlos. Nada más podemos hacer que seguir adelante. Pero a mí me dejaron algo más en el corazón y en mi esencia: un pensamiento romántico y esperanzador del porqué estamos parados en este mundo. Y el sentido que yo le veo, es poder transmitir a todas aquellas personas que pasan por tu vida de alguna u otra manera –en lo que yo llamo ‘las cuatro patas de la mesa de la existencia’, que son tu familia, tus amigos, tu profesión y el amor de tu vida- un mensaje que siempre parte de lo bueno. ¿Cómo se entiende esto? Pensando siempre de manera positiva, eso evita que tengas prejuicios de las personas con las que te relacionas, te permite abrir el corazón, encontrarle lo humano a los demás y te admite asimismo ofrecer tu lado más sensible a alguien que así no te lo esté pidiendo, no le sobra tenerlo. Son miles de cosas las que se derivan de este pensamiento. Es comer unidos en familia; es jugar fútbol en contra de un amigo y al final compartir el mismo vaso de cerveza; es sentir felicidad por un triunfo laboral de un compañero; o escuchar una canción y pensar en la persona que amas. Y finalmente, es la única forma de poder trascender, comprender lo incomprensible y perdonar. Perdonar a quienes le arrebataron la vida a mi mamá. Porque este mensaje también va para ellos, para que se detengan un segundo, piensen positivo, salgan adelante y concedan a los demás su lado bueno, haciendo referencia a lo agradable, divertido, amoroso, compasivo, generoso de los actos y los pensamientos, que son la manera directa de poder encontrar el sentido de la vida: ¡la felicidad! Un homenaje a dos personas que transmitían positivismo y bondad a los demás ¡María Olga y Luis Ernesto Sanclemente! Madre y abuelo que dejaron en mí su legado, el cual me encargaré de difundir con honor a todas las personas que pueda”.

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