Pombo, azar y palimpsesto

Pombo, azar y palimpsesto

Febrero 13, 2019 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

No es fácil definir la diversa y dilatada obra de Diego Pombo. Miguel González señala el componente caricatural que lo emparenta con Goya. Para Édgar Varela, Pombo es un ‘neorretratista’. Noé Jitrik subraya la carga anarquista de sus pinturas, elemento donde lee un mensaje tranquilizador: “El poder puede ser destruido”. William Ospina entiende que Pombo nos dice que “vivir implica ser cómplice de las perversiones del mundo”. José Zuleta lo confundió con un reciclador cuando lo vio hurgando en la basura de una litografía. Yo lo veo como un cronista burlón de las ‘fuerzas vivas’ de la sociedad (léase el pastor, la meretriz, el político, el militar, el bandido y la reina); como un samaritano que adora a los locos de la calle, esos ángeles sucios, o el ilustrador de una historia patria donde Bolívar baila boleros y Manuela ostenta el escudo de Colombia en sus épicas nalgas.

Abrumado con tanta dispersión crítica, el lector puede concluir que la obra de Diego exige una etiqueta amplia y nueva: el pombodernismo.

Hay un elemento clave en la última etapa de Pombo, el azar. El pintor descubre formas en las pruebas que desechan los impresores (maculaturas), en los trapos con que limpia los pinceles o en sus manchadas camisetas de trabajo. Luego interviene con tino sapiencial estos subproductos y el gusano de la basura vuela convertido en una mariposa llena de color, arte y significados.

Por esto, creo que Hoover Delgado acierta cuando dice: “Pombo trabaja en la tradición cabalística del arúspice y del escudriñador de palimpsestos, para quienes el universo es un texto que esconde un secreto. Pombo está empeñado en revelarlo. Obra por sustracción, no por acumulación. Sustrae materia noble de la ruindad de la basura industrial y la revela. La encuentra y la revela”. (Tal vez no sea coincidencial que el festival de jazz que Pombo organiza anualmente se llame Ajazzgo).

Su último trabajo es un libro, En lugar de la mancha. Son 138 manchas (o maculaturas) intervenidas o descubiertas por Pombo, y textos de 19 escritores. Son poemas y cuentos que dialogan con las pinturas. Además de los citados arriba, escribieron Édgar Collazos, Sonia Solarte, Carlos Satizábal, Adalgiza Charria, Orlando López, Valeria Flórez y Alejandra Lerma.

También hay textos de Horacio Benavides, Jotamario Arbeláez, Orietta Lozano, Gerardo Rivera y Betsimar Sepúlveda.

Los escritores y los pintores crean siempre en soledad y producen obras individuales. Por eso hay que saludar que, por esta vez, presenten un trabajo colectivo. Una minga de amigos. Un ariete que derribe los muros que separan los guetos de los gremios.

El azar no ha sido un elemento ajeno a las artes ni a las ciencias. Apelaron a él los surrealistas, cuya ‘escritura automática’ confiaba en el talento literario del inconsciente. Apelaron a él los psicólogos que hicieron diagnósticos basándose en las figuras que descubrían los pacientes en manchas de tinta sobre papel. Muchos descubrimientos de la ciencia han sido obra del azar, la palabra que usamos cuando no tenemos clara la cadena causal de un fenómeno.

Lo de Pombo es un azar calculado, si cabe el oxímoron. Una fiesta del encuentro aleatorio del ojo y la mancha, de la voluntad y la luz.
A las siete de esta noche Pombo y sus amigos presentamos el libro En lugar de la mancha en Proartes. Pombo exhibirá sus cuadros, nosotros leeremos nuestros textos y todos celebraremos con vino y palabras esta feliz conjunción de la letra, la línea y el color.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas