El vicio y la ley

El vicio y la ley

Junio 12, 2019 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

El país discute el pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre el consumo de estimulantes en espacios públicos, sentencia que parece contradecir las normas del Código de Policía. Claro, casi nadie ha leído el Código porque casi todos somos alérgicos al farragoso lenguaje de los códigos, y nadie ha leído la sentencia de la Corte porque el texto solo se publicará dentro de varios meses.

Aquí lo importante es discutir por discutir. Atacar las Cortes por la creencia de que ellas atacan a Uribe, o defenderlas por la misma razón. Esta es Colombia, señores.

Decir que la sentencia de la Corte estimula el consumo de drogas es criminal. Lo que propone es conciliar el Código de Policía con sentencias anteriores sobre las libertades de los ciudadanos. Resolver, por ejemplo, la contradicción palmaria que existe entre el hecho de que la dosis personal de estimulantes es legal por sentencia de la Corte, y al tiempo es delito portarla o consumirla en espacios públicos, según el decreto de Policía firmado por Duque en enero. En últimas, lo que se busca es dotar a los jueces de una legislación coherente. Este es el trabajo de la Corte Constitucional. Corresponde a la Policía y a los jueces evaluar las circunstancias específicas de cada caso.

Lo que se conoce de la sentencia es sensato. Al borracho y al marihuanero hay que respetarles sus derechos mientras no afecten los derechos de los demás; que al primero no le dé por armar trifulcas ni conducir carros, ni el segundo pretenda trabarse en las puertas de la escuela. Cada quién es libre de matarse con alcohol o marihuana, azúcar o chicharrones.

La Corte dijo una sana obviedad: el problema no está en el consumo sino en el comportamiento del consumidor. Si usted puede fumar o beber sin perturbar el orden público o la paz familiar, la intervención de la Policía sobra.

Su sentencia solo modifica parcialmente dos de los 243 artículos que componen el Código de Policía, los que hacen referencia al consumo de estimulantes en espacios públicos, pero no afecta (esto es clave) la facultad de los alcaldes para blindar las zonas de las escuelas contra la presencia de jíbaros, proxenetas o bares en un perímetro prudencial.

Nota: el borracho guache no patea a la esposa por borracho sino por guache. El marihuanero atracador no atraca por marihuanero sino por atracador. La inmensa mayoría de borrachos y marihuaneros se embriagan y se traban en santa paz. Nota de la nota: el marihuanero tiene mucho más autocontrol que un borracho; se los digo yo, que aspiré varias hectáreas en mi enmarañada juventud.

Esos padres de familia que andan nerviosos por las cosas que los niños puedan ver en los parques, deberían preocuparse también por lo que ven en la casa y en las películas, escenarios más influyentes que el parque en la educación de los pequeños.

Notas finales: ni Duque es un mojigato ni la Corte está al servicio del microtráfico. Lo que enfrentamos es la vieja tensión entre libertad y orden, un dilema que exige ajustes de las normas generales y apreciación ecuánime de los casos particulares, no debates incendiarios.

Dije arriba que la gente discute desde la ignorancia. Hay algo peor: algunos discuten desde el conocimiento, pero tergiversan y falsean los contenidos de las sentencias para enardecer a la opinión pública y minar la institucionalidad. Estos sujetos son infinitamente más peligrosos que los marihuaneros y los borrachos.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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