De lo grotesco a lo infame

De lo grotesco a lo infame

Mayo 08, 2019 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

No acierta una el Gobierno. El Presidente de la República, el senador Uribe, el Presidente del Senado, Paloma Valencia, el Mindefensa, el Embajador ante la OEA y la bancada toda del Centro Democrático compiten sin descanso por el premio al ridículo. Parecen empeñados en trazar caricaturas grotescas, trabajar para la oposición, conducir el país por un despeñadero.

En la minga de abril, Paloma Valencia insistió con su versión criolla de apartheid: un Cauca mestizo y un Cauca indio. Nota: es la misma señora que dijo muerta de la risa el 7 de agosto: “Una cosa es el gobierno y otra el Centro Democrático”, para explicar la incongruencia del discurso virulento de Macías (el CD) con el conciliador discurso de Duque (el Gobierno). Por desgracia, el tiempo le está dando la razón a esta bella señora.

En la misma minga, Uribe le hizo un contrapunto antológico a Paloma: “Si la autoridad serena, firme y con criterio social implica una masacre, es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”. (El otro lado es el indio, claro). Lástima que no estemos en campaña. El eslogan sería insuperable:

“¡Masacres con sentido social!”

Luego vino el Mindefensa a explicarnos que la muerte del exguerrillero Dimar Torres había sido un accidente. Un disparo en medio de un forcejeo. Ahora, cuando ya se sabe que Torres fue torturado, violado y emasculado, Botero excreta este horror: “Si efectivamente fue un homicidio, ha tenido que haber una motivación”. ¡Plop!

¿Cómo ‘motivó’ Torres a sus verdugos? ¿Se desnudó y contoneó sus nalgas en las narices de los soldados? ¿O la ‘motivación’ vino del alto mando? ¿Tienen precio los falos de los enemigos? ¿Hay medallas para el que los sodomice?

Luego intervino el eximio politólogo Alejandro Ordóñez: “Los migrantes venezolanos hacen parte de una estrategia global para irradiar en la región el socialismo del siglo XXI”. Es decir que esos millones de venezolanos que duermen en los andenes de las ciudades de América no son refugiados. Son apóstoles del evangelio castrochavista.

La frase es cretina en cualquier momento, y más ahora, cuando el Gobierno lidera un movimiento mundial para derrocar al Cartel de los Soles, y su argumento central es justamente la defensa de los derechos básicos del pueblo venezolano.

Pero la tapa de los descaches del Gobierno es su obsesión con la JEP. Los Acuerdos de Paz han sido objeto de mil debates: seis años de discusiones en La Habana, el plebiscito de octubre de 2016, las 57 modificaciones que introdujeron los líderes del triunfante No, los dos años de discusiones en el Congreso sobre la ley estatutaria y ley de implementación de la JEP, el examen en la Corte Constitucional, las objeciones del presidente… ¡y otra vez al Congreso!

Derrotadas las objeciones en la Cámara y en el Senado, ahora todo el paquete regresa a la Corte Constitucional, que lo volverá a declarar exequible y lo remitirá a Duque, que tendrá que firmarlo.

Salvo que los genios del CD esgriman otra leguleyada, otro cálculo de matemáticas exóticas, un nuevo paquete de fakes o, Dios no lo quiera, decidan pasar por encima de la Corte y quebrar el orden constitucional.

El costo de esta obsesión ha sido muy alto: pérdida de la gobernabilidad, fortalecimiento de la oposición, ridículo internacional, reaparición de la mermelada y retraso de asuntos vitales en la agenda legislativa.

Los gobiernos tienen derecho a equivocarse, por supuesto. Pero no tan seguido. Ni de manera tan grotesca. Ni con costos tan altos para los destinos del país.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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