La belleza del sapo

La belleza del sapo

Mayo 20, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

No me canso de reiterar la importancia para nuestra cultura de ese medio virtual que se emite desde Cali para Colombia y el mundo llamado NTC. Desde hace ya varios años, Gabriel Ruiz Arbeláez y su esposa María Isabel han asumido la tarea, y la llegada de cada una de sus entregas es un don espiritual para quienes vibran con las manifestaciones de la inteligencia. En los últimos días me he encontrado con materiales que además de gustarme, me han sorprendido.

Primero: la reproducción de la columna de Héctor Abad en El Espectador, ‘Ver ballenas y pájaros’*, donde denuncia el proyecto del gobierno de desarrollar en Nuquí, Chocó, el puerto de Tribugá, idea de unos negociantes antioqueños animosos de ganancia, lo que significaría “un sinsentido ambiental y una verdadera masacre ecológica”, pues “arrasaría con casi 1000 hectáreas de manglares, destruiría el hábitat de cuatro especies de tortugas marinas y alteraría para siempre el corredor por donde migran, se reproducen, comen y cantan las ballenas jorobadas”. Y de paso, daría el martillazo al bello puerto de mar de Buenaventura, que lo que necesita verdaderamente es un gobierno que lo rescate. (*http://ntc-documentos.blogspot.com/2019/05/)

Segundo: una carta del poeta nadaísta Armando Romero desde Cincinnati, donde da noticia de la publicación y lanzamiento, el 31 de este mes, en Venecia, de la edición italiana de su novela ‘La rueda de Chicago’, en editorial Sinopia, traducida por Claudio Cinci. Fue inicialmente editada en 2004*, en Bogotá, por Villegas Editores. Luego seguirá el poeta con su esposa hacia las islas griegas, donde surgieron algunas de sus obras anteriores. De la carta remitente destaco algunas frases: “Me han enviado detalles de las presentaciones de Santos y Fernando Vallejo en la Feria de Bogotá. Yo sé que la discusión y las diferencias de opinión son saludables, sin embargo no deja de ser increíble que la Colombia violenta que yo abandoné hace tantos años siga siendo la misma. ¿Qué podríamos hacer para que luego de 60 años de fundado el Nadaísmo Colombia dejara de justificarlo?... Este nadaísta a destiempo que es el señor Vallejo, sigue exudando una filosofía de ‘perro caliente’ que conduce a un aplauso enfermo, rabioso. Y lo más paradójico es que aquellos que maldicen y odian al nadaísmo veneran a este escritor. Debe ser porque sienten que el nadaísmo es un humanismo, la busca de una nueva Colombia, y no la continuación de una enfermedad llamada violencia… Nada ha cambiado, mi querido Gabriel, por eso siento profunda tristeza al ver esas horribles flores del mal en boca de Vallejo, o la distancia que la política de turno pone a las esperanzas de Santos. Cuando alguien me preguntó el año pasado en Cali si el nadaísmo había muerto, le respondí que el nadaísmo moriría el día que Colombia cambie, y eso no parece estar en nuestro horizonte cuadrado todavía”. (*http://ntc-narrativa.blogspot.com/2012_08_12_archive.html).

Y el tercer tema se desprende de una cálida reflexión del abogado poeta Armando Barona Mesa titulada ‘Filosofando sobre el sapo’*. Precedido del Poema del sapo, de Alejandro Casona, puntualiza: “El sapo, con sus ojos saltones y las manos en cruz, como un filósofo en cuclillas, puede ser tierno y tener una espalda conmovedora. Seductora quizás, si fuera la sapa. Poeta, dice este y canta su regocijo de la vida en las noches del pantano con un son monorrítmico, que sabe dar a los que lo oyen a cierta distancia un sentimiento de terror -cuando yo era un niño- o inducir en arrullo al sueño profundo de los campos”. Reflexión que es completada por un bello ensayo al respecto de Eduardo Escobar, y la referencia inicial de Walt Whitman de que “El sapo es una la obra maestra de Dios”, a lo que el poeta Jaime Jaramillo Escobar (X-504) supo contestar con esta boutade: “Viejo, no te burles, que Dios hizo lo que pudo”. (*http://ntcpoesia.blogspot.com/2019/05/)

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