En lugar de la mancha

En lugar de la mancha

Febrero 11, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

En La Montaña Mágica, mi nueva residencia en Villa de Leyva, al pie de la sagrada laguna de Iguaque de donde emergiera Bachué a poblar la tierra, he recibido un libro con un título cervantino, ‘En lugar de la mancha’, que me envía su autor Diego Pombo. No hay emoción mayor que vivir entre maravillas naturales y en medio de ella recibir el milagro de un libro de arte que cifra la historia del comportamiento humano a través de recursos insólitos.

De los privilegios con que me ha colmado la vida, ¡llevado de la mano de Dios que he sido, por qué negarlo!, uno de los más apreciables ha sido el de disfrutar de amigos geniales. Se dice que genios no se dan sino uno por país y por época, pero con uno que se dé sus amigos se contagian de esa genialidad, y en el arte y la literatura proponen obras mayúsculas. El genio de nuestra generación bien pudo ser Gonzalo Arango, Pedro Alcántara, Amílcar, X-504, Norman Mejía, Álvaro Barrios, Elmo Valencia, Andrés Caicedo, Mayolo, y los otros nos contagiamos. Y uno de ellos es Diego Pombo, quien a través de su vida se ha movido en la música, en la plástica, en las tablas, como suelen hacer los geniazos artistas polifacéticos.

Pombo, a quien he designado como fundador inconsciente del pombodernismo, no se cansa de buscar y sigue buscando, apoyándose incluso en la búsqueda de otros maestros, como en la paranoia crítica de Dalí en las épocas del surrealismo bravío, pero siempre manteniendo su irreverencia, su humor negro, su persecución de despertar el asombro. Y así, en esta etapa como en las anteriores con distintos métodos, fija personajes aparentemente poco significativos pero que terminan siendo icónicos dado su tratamiento que los convierte casi que en objetos de culto, a la manera de las láminas de los santos. Todo el santuario del pop art, del rock y del jazz, de la urbe por donde camina, está cuajado y ensalzado en su obra. A base de manchas rescatadas de sobras de otros trabajos, posteriormente maceradas hasta expresar un mundo aparentemente caricaturesco pero que más bien resulta goyesco. Después de sus series de Guerras, el loco inmortal, y de su monumento a Jovita, está ahora empeñado en una escultura de La negra Casilda, en la técnica del mosaico alicateado, de 12 metros de altura, cerca del aeropuerto, porque ella vivió y murió en Palmira.

El libro que tengo entre las manos y voy pasando con los ojos alucinados contiene 135 imágenes, en las que se recrean seres y episodios urbanos, y casos como la guerra que no termina a pesar de que acaba de hacerse la paz pero no la dejan. Como si no se dieran cuenta que los campos de batalla a lo que conducen es a los campos de paz.

El libro consta, además de las impresionantes reproducciones de los cuadros elaborados con la técnica de acrílicos y lápices sobre papel fotográfico, de los textos introductorios de Édgar Varela, Noé Jitrik y Miguel González, más 16 textos poéticos y narrativos de Orietta Lozano, Adalgiza Charria, Alejandra Lerma, Betsimar Sepúlveda, Valeria Flórez, Sonia Solarte, José Zuleta, Horacio Benavides, Julio César Londoño, Carlos Satizábal, Édgar Collazos, Hoover Delgado, Orlando López Valencia, Gerardo Rivera, William Ospina y el susquescribe, flores espinosas seleccionadas del jardín de sus afectos. Al contrario de lo usual, que un pintor ilustre unos textos, aquí los escritores se basan en las pinturas para entonar su canto.

La preciosa edición fue realizada por el Programa Editorial de la Universidad del Valle, con la complacencia de su rector Édgar Varela Barrios y bajo la dirección de Ómar Díaz Saldaña, a quienes la comunidad intelectual agradece y aplaude.

El lanzamiento del libro se hará el próximo jueves 14 de febrero, a las 7 p.m., en Proartes. El precio de cada ejemplar, en edición príncipe limitada de 200 ejemplares y con firma autógrafa, es de cien mil pesos. Quienes no puedan asistir y estén interesado en adquirirlo dirigirse al Teatro Salamandra o solicitarlo al teléfono 5542411.

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