Escuchar este artículo

El río de la vida

Diciembre 16, 2019 - 11:50 p. m. Por: Jotamario Arbeláez

Cuánto hace ayer no más que éramos muchachos y ya nos suenan campanas octogenarias. Para uno en los 20 las personas de arriba de 70 despachaban desde ultratumba, así aún parpadearan. Nuestra revaluación era contra todo, no sólo contra el orden establecido del que pretendíamos desafiliarnos buscando habitación en las comunas del anarquismo sonriente, sino contra la cultura oficial para establecer la contracultura, contra la moral represiva para imponer el libertinaje, contra la academia para entronizar la vanguardia, contra el trabajo al que oponíamos el ocio creador, contra los lazos familiares para sentirnos desamarrados, contra la economía que fue la única que terminaría por doblegarnos. Y llegamos a arremeter contra la vejez -y sus secuelas de chochez y prostatitis-, a la que no pensábamos arribar ni de fundas. Hoy la próstata es vieja colaboradora del cuerpo que se nos fue, dejando en seco pero intacta la fiesta del alebreste.

La vida era para ser quemada en el propio combustible de los excesos. Vivir a la enemiga era la consigna, recibida del maestro Fernando González, todo un santón. Salíamos a la calle y el mundo no daba un brinco. Todo lo que queríamos lo teníamos en los bolsillos vacíos. Y lo que no teníamos lo arrebatábamos porque arrebatados sí éramos. No padecíamos de hambre porque éramos de poco comer a pesar del mucho fumar, pero a los otros apetitos desordenados como el deseo sí los satisfacíamos a tutiplén. La cama nos servía para tirar, leer, escribir y seguir soñando despiertos que el mundo se haría mejor con el testimonio de nuestro paso. No éramos grandes inventores como Edison y Westinghouse, ni guerreros de a puño como Tirofijo y el Che, ni pacifistas contundentes como Cassius Clay y Martin Luther King, pero le supimos decir No a toda circunstancia aberrante contra la dignidad de los seres humanos y cuadrumanos incluidos nosotros mismos. Los apologistas del sexo aplaudían nuestro comportamiento sicalíptico que sacaba de casillas a los moralistas religiosos. A nuestra llegada le impusimos el adjetivo libre al amor y hasta allí duró el mito del virgo intocado bajo pecado entre las mujeres antes del matrimonio. Y a continuación nos encargaríamos de desacreditar el casorio. Al presente vemos que ya casi nadie se casa. Se necesita ser muy marica.

Vinimos al mundo por nuestra cuenta y riesgo, crecimos, nos reprodujimos, aquí vamos y parece que nos pasamos. Luchamos desde el ocio con cortapapeles sin filo, nos hicimos escritores para no tomar las armas, nos bebimos a los burgueses y les dimos sopa y seco a los desnutridos intelectuales.

Se dice que los amados de los dioses mueren jóvenes, como lo hemos comprobado con nuestros difuntos precoces. Y los inmortales que sí van peinando canas como Zeus y Jehová, a juzgar por sus barbas y sus desmanes, habría de suponerse que esperan la llegada de los demorados como colegas.

Lo curioso del caso es que entrado en los 80 sigo como en los 20. Bailando los ritmos de entonces pero sin esos pasos mortales de la caída de la hoja y la tijereta. Más bien en el amacice y el apretuje con mis levantes, como se practica en El Goce Pagano. Leyendo de nuevo a los que me dañaron el coco a ver si no se me arregla. Sade, Casanova, Miller, Bataille, Genet. Escribiendo de lo que se me pasa por la cabeza así sea sin pies ni cabeza.

Apuntan los poetas que la vida de cada uno es un río del cual cada relación es un afluente, circula por la tierra venciendo trancas, baña a sus amorosos ribereños y les ofrece el espinoso alimento, se refugia por segundos bajo los puentes como los que no tienen dónde dormir, permite el desplazamiento del pasajero y termina desparramado como en un gran orgasmo en la eternidad. Allá estamos llegando. Donde todos los ríos se juntan. Los ríos que son cada uno y que terminan en uno.
Gracias doy al Señor del cielo y de la tierra que me provee el alimento, me inspira bellos pensamientos y me para el pipí.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS