Cúrate con poesía

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Cúrate con poesía

Septiembre 09, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Hace unos años se publicó un poemario en Colombia, de autor uruguayo, por Gamar Editores, que dirige en Popayán el poeta Felipe García Quintero. No hay nada más noble y feliz en literatura que ver a un poeta editando a otro.

Leyendo ahora que acomodo mi biblioteca el libro de Maca -como a Gustavo Wojciechowski prefiere que le llamen-, me he ido recuperando de un quebranto que sólo podría achacárselo a la melancolía, derivada en acedia y tristitia, según la describe sir Robert Burton en su tomo anatómico. Quizás en algún coctel me destilaron una sobredosis de bilis negra, que ha resultado resistente al legendario tratamiento a base de comino, calamento, eneldo hembra y flor de tomillo.

Cuando ya de un tirón casi no hago nada, me he zampado el original de Tergiversaciones, y he sentido que el cuerpo me vuelve al alma. Y en el ritual de la amistad, me he sentado a mi escritorio cuñado con un par de almohadas a los costados de la silla para no irme de lado, y a medida que iba ingiriendo los macanudos poemas percibía que se retiraba el desequilibrio y que recuperaba mi ecuanimidad de mortal airoso. Lo he celebrado con un whisky, que es lo único que me deja instilar con agua Galeno.

Semejante acontecer similar al milagro, evoca la teoría manifiesta en una carta de Jaime Jaramillo Escobar, acerca de que la poesía debería expresarse para curar los males del cuerpo, incluida la misma muerte, logoterapia ya practicada por el desempleado Jesús en el contexto de sus evangelios. Así el “Ánimo hija, por tu fe has sido salvada”, a la por doce años menstruante; el “toma tu camilla y regresa a casa”, al paciente paralítico; y el “levántate y anda”, al putrefacto de Lázaro. Se extrañarán que evoque hazañas de Cristo a quien seguramente no confía en sospechosos mesías.

Ahora que se han puesto en boga las antiguas disciplinas de musicoterapia, danzoterapia, arteterapia, terapias alternativas comprendidas en el rango de la terapia de las artes expresivas, habría que incorporar la biblioterapia, curación por la lectura de libros, y en especial la poeterapia. Porque con seguridad que el poema sana que sana como al culito de rana. Así habrá libros para curar enfermedades, la Divina comedia, por ejemplo, contra la cefalea, el Quijote contra la artritis y Hojas de hierba contra la depresión, como antes los había que incitaban al suicidio, tales el Werther de Goethe y el Ibis de Vargas Vila. Incluso leo en Calímaco que con la mera lectura de De anima, del divino Platón, Cleombroto de Ambracia, predicador del suicidio, se decidió por el lago Estigia.

Los poetas viajamos para conocernos, aun sin saber que existíamos, y sólo verificamos el ser que somos al abrazo con el ser otro. Con Maca me topé en el hotel Stanza de México, donde nos convocara el Encuentro de poetas del mundo que redondea ese forastero en la tierra que es Marco Antonio Campos, él con su esposa Gabriela y yo con mi última Claudia, y fue un fogonazo. Encontré en él a un hermano doble, porque era editor además de poeta. Asistía al encuentro de bardos y a un simposio de diseñadores, o sea que cubría la doble ala de su pasión hacendosa. Me hizo invitar al Uruguay e hizo una edición suntuosa de mi Culito de rana. No hay como tener amigos poetas que sean además editores, o traductores.

En su casa de Montevideo Maca, con su barbita de hechizado, acolitado por Gabriela y por sus dos hijos, trabaja frente a su computador de diseño como un alquimista en frente de un atanor, buscando transmutar el oro en palabras y trazos. Y a mi fe que lo logra. Con las ediciones impecablemente creativas de otros escritores y sus propias creaciones, originales hasta la ebriedad absoluta y el humor loco. En Tergiversaciones los versos se continúan tergiversando, yendo de banda a banda, en busca de expandir su sentido interpretativo. Sus palabras, que me resbalan el cuerpo vital como una caricia llena de espinas despertadoras, me siguen extrayendo los malos humores y curándome de pesares.

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