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Un mundo, que no sabe a dónde va

Enero 12, 2021 - 11:35 p. m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

“Estas son las cosas que me hacen olvidar, este mundo absurdo que no sabe a dónde va”; Luis Eduardo Aute, en la canción cuyo título es Aleluya, es casi una oración ante la realidad del mundo que en ese momento vive el autor y que hoy podíamos parodiarla agregándole toda la vulnerabilidad que siente la humanidad al habérsele caído la máscara y el maquillaje, con el cual había encubierto sus egoísmos, y quedar al descubierto su falsa confianza en meros ídolos.

Bertrand Russell, nobel de literatura inglés, decía que después de estar con los hombres, al regresar a casa quería más a su perro, algo que se puede reafirmar al ver que uno de los gastos mundiales más alto es el del mantenimiento de las mascotas, a lo cual decía el papa Francisco que eso demostraba la desconfianza que tiene el hombre para amar a un ser humano y por eso prefiere tener mascotas.

La búsqueda de esa confianza en el otro es la seguridad que la humanidad constantemente busca y se manifiesta en el amor, en el sentirse amado y así configurar un mundo fraterno para vivir en paz, pero su constatación a través del pensamiento es la búsqueda de ese hombre ideal en el qué confiar, y ese mundo conformado por hombres de confianza donde se puedan desterrar el temor, el miedo, la violencia, la muerte y así construir un mundo feliz.

Cuando el maestro de Galilea proponía en sus charlas el plan de vida para construir ese Reino de los Cielos, ese ‘Mundo Feliz’, ante las exigencias de negarse a sí mismo y sacrificarse por servir a la causa de la humanidad, de la dignidad del hombre, luchando por la justicia, muchos le abandonaron y es cuando les dice a su discípulos: “¿También ustedes quieren dejarme?”. Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos?
Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Juan 6,60-69).

En quién confiamos para saber que sus palabras están fundamentadas en la verdad. Unos niegan la posibilidad de utilidad para retener el avance de la pandemia a la ivermectina, y la FDA de USA, la aprueba;
ingenieros químicos, médicos de clínicas y hospitales hablando de las cualidades enriquecedoras de oxígeno en la sangre sin otro peligro para la vida humana del ‘dióxido de cloro’ y muchos otros ni quieren aceptarlo en el pensamiento. Se habla del poder de las farmacéuticas o laboratorios que producen las vacunas y del posible enriquecimiento que les aporta a ellas y por eso el tire y afloje de los países y gobiernos y empresarios, para aceptar o no cualquier método.

El mundo necesita la verdad, que se haga claridad y que se explique la razón de lo uno y de lo otro y que en realidad sea la solución humanitaria, no económica: “Maldito el hombre que confía en el hombre, el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor, nada hay tan engañoso como el corazón del hombre. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” Jer.17,5-10.

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