Se dio el primer paso

Se dio el primer paso

Junio 09, 2019 - 11:35 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Un año más de aquel 30 de mayo de 1999 no lo puedo olvidar, pero tampoco le doy espacio a los recuerdos para no seguir profundizando esa herida abierta después del secuestro, cuando algún grupo me acusó de formar parte de los secuestradores, hasta llegar a hacer perder la confianza en el párroco y aún lograr la salida de la parroquia y con eso colocarme a distancia de los feligreses.

Nunca, sin embargo, deje de interesarme por todos, de tal manera que andaba muy cerca del señor Arzobispo colaborando en lo que fuese necesario, tanto así que en alguna oportunidad acogí la propuesta de un profesor del Colombo que proponía hacer las marchas pero en dirección a la montaña, a donde estaban los secuestrados, propuesta que no se me aceptó. En las horas de la mañana de este día recibí una inusual llamada que contenía una invitación a participar en la misa conmemorativa, que tenía fines de reconciliar ese pasado, para mi muy doloroso, puesto que había sido víctima doblemente de un solo acontecimiento.

El día ya tenía agenda, en la cual no entraba esta celebración, busqué la forma de poder estar presente y así lo logré, porque si se hablaba de una reconciliación con el párroco era inevitable no estar presente, era el primer paso en una Colombia donde el problema es reconocer la verdad, restaurar el daño causado, pedir perdón y por supuesto el compromiso de no repetición, claves para una verdadera reconciliación y la fundamentación de una Paz duradera y estable. Esta invitación me motivó para hacer lo que desde el primer día de liberación del secuestro pensé: hacer de La María el corazón de la reconciliación para Colombia. Asistí.

Esperaba del acto, de la misa, que en ella se dieran estos elementos y así en verdad terminar la celebración eucarística iniciada el día del secuestro y no terminada, pero a medida que iba transcurriendo la celebración no veía claro el objetivo para dicha reconciliación y que solo al otro día, por entrevista del periódico El País, desde La Habana respondía Pablo Beltrán a una pregunta de la periodista sobre las acusaciones al padre: “Es una infamia y una calumnia vincularlo como parte de esta acción del ELN. Nunca hubo ningún tipo de relación, ni mucho menos. Pienso que fue víctima de una cacería de brujas. Se está cometiendo un grave error con esta clase de sindicaciones”. Me viene a la mente lo que dijo en una de sus reflexiones Eduardo Galeano: “Vivimos en un mundo donde importa más el funeral que el muerto. La boda más que el amor y el físico más que el intelecto; la ley más que la justicia, Los disfraces más que la verdad”.

Un director de medios que me entrevistaba por esos días, me dijo, que sentado en la misma mesa un invitado se refería al caso del cura de La María diciendo: “Me reservo la opinión”, al cual por insistencia respondió: “Es que me dijeron…”. Dice el papa Francisco, que “no hay bomba más destructora que la de los terroristas, que el chisme, la desinformación, la calumnia y la mentira”.

Quiero terminar con una idea de Manfred Max Neef, en su conferencia sobre ‘Desarrollo a escala humana’, en la cual nos quiere ayudar a entender la realidad y afirma que hemos desalmado la vida, al fragmentar todo, al separarlo, y dice que hoy en día sabemos mucho pero comprendemos casi nada; solo se comprende cuando se hace uno con lo que se aprehende.

Evangélicamente es la ley del amor la que nos hace hermanos, nadie está separado de nadie, todos tenemos relación con todo; por eso pienso que la misa todavía no ha terminado, se ha dado el primer paso.

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