Liderazgo y disidencia

Febrero 09, 2022 - 11:45 p. m. 2022-02-09 Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Leyendo el primer libro de Samuel me encuentro con una realidad que me ilumina el momento actual de nuestra Patria, cuando se calienta la política por las elecciones y se hacen cábalas para formar alianzas que capten la mayoría de votos que acerquen más a la toma del poder. Es en estas circunstancias que escucho lo que piden los ancianos de Israel a Samuel: ser gobernados por un rey, como se hace en todas las naciones.
Disgusto del profeta por preferir ser gobernados por hombres y no por la intervención divina a través de sus enviados, que iluminados por la sabiduría de Dios escuchaban y cumplían con la voluntad del pueblo.

La respuesta de Dios a Samuel fue contundente: haz caso al pueblo en lo que piden. No te rechazan a ti sino a mí. Samuel comunicó la palabra de Dios y les dijo: estos son los derechos del rey que os regirá. El listado de derechos fue lo que me impresionó para llegar a esta reflexión, puesto que haciendo su traslado al tiempo actual, es lo mismo que vivimos como Estado. En su momento al pueblo no le importó lo que se le advertía e insistió en que se les eligiera un gobernante, diciendo: no importa, así seremos como los demás pueblos. Samuel les hizo caer en cuenta que serían esclavos de este sistema de gobierno: entonces gritaréis contra el rey que elegisteis, pero Dios no os responderá.

Estamos en un momento en el cual nuestra preocupación es el futuro, el cómo recuperar la confianza perdida por tantos años acumulados de indignación ante la no escucha del grito, no solo del hombre sino del mismo planeta que se muere entre nuestras manos. No tenemos la valentía de abrirnos para escuchar, entender y discernir ‘caminando juntos’, y hay quienes prefieren volver la mirada hacia atrás, son los restauracioncitas que prefieren la comodidad a enfrentar las crisis que producen los cambios. Para ello necesitamos gente creativa, valiente, verdaderos líderes, los cuales ante quienes están dentro del status quo, pasan por ser disidentes y declarados enemigos del establecimiento y así se obstaculiza la opinión pública que no hace otra cosa que revelar el defecto de la sociedad que no quiere cambiar.

Tanto la Iglesia como el Estado necesitan de la existencia de la opinión, de la auténtica comunicación, ya decía Juan Pablo II que una oposición leal es necesaria en cualquier comunidad y debe dársele la posibilidad de expresarse y que funcione para el bien común. Es mediante el diálogo que se trabaja con ella. Por eso el papa Francisco se sitúa en el campo de los disidentes leales, y así como trabaja al interior de la Iglesia, invita al hombre a dicha disidencia, creando posibilidades de nuevos movimientos que refunden las instituciones, con valientes impulsos que logren un mundo mejor, más justo, más libre, y así fundamentar una paz duradera.

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