La paz es fruto de la justicia

La paz es fruto de la justicia

Febrero 12, 2019 - 11:35 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En el número 78 de la constitución pastoral ‘Gaudium et spes’ del Concilio Vaticano II dice: “La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7)”.

La paz en la cultura bíblica cristiana como lo dice el salmo, es sin duda fruto de la justicia: “La justicia y la paz se besan”, y no sin razón uno de los nombres más repetitivos de Dios en el libro sagrado, y muy significativo, es el “Dios de la justicia”, el “Justiciero”; y el pueblo de Israel esperaba ese Mesías, el que nos traería la paz.

Por esto he querido traer ciertas definiciones o frases de algunos seres humanos que de alguna manera han reflexionado y definido muy significativamente la paz. Jimi Hendrix dice: “Cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz”.

De igual manera, el autor del Principito, Antoine de Saint-Exupéry, nos recordará la esencia de la paz al decirnos que “si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

Y por qué no reflexionar en lo que decía el filósofo medieval Baruch Spinoza: “La paz no es la ausencia de guerra, es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia”.
Y finalicemos nuestra mirada con la sencillez y riqueza de santidad con la que nos invita la madre Teresa de Calcuta a construirla: “La paz comienza con una sonrisa”.

Atrevernos a mirar de frente al otro sin ver en él a un enemigo y ser capaces de sacarle una sonrisa, es el camino para construir la “nueva política: la buena”, porque como dice Hendrix, iniciaremos el camino del amor que sobrepase las ganas del poder y así estaremos usando la inteligencia para ponerla al servicio del amor.

Solo así, al sentarnos a dialogar nos dispondremos con sinceridad a la benevolencia, se buscará la justicia, se creará la sincera y verdadera confianza entre los interlocutores y no buscaremos lo personal ni grupal, sino el bien común, el de todos.

Entonces nuestras mentes entrarán en estado de construcción de un mundo soñado, ideal, donde la paz, y la justicia se besan. Hemos encontrado la verdadera fraternidad, construimos la familia: la patria.

Dado que los seres humanos somos sumamente frágiles; vulnerables, es necesario que reconozcamos la necesidad de un firme dominio sobre nosotros mismos y al mismo tiempo, una vigilancia constante de la autoridad legítima para asegurar el bien de las personas y su comunicación espontánea.

Para ello debemos tener el firme propósito, todos, de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad para reconstruir el tejido social que nos lleve a vivir en comunión, en orden a construir la paz, esa paz que supera lo que la justicia puede realizar, porque es ya fruto del amor entre los seres humanos.

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