El grito de los pobres

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El grito de los pobres

Junio 21, 2020 - 11:35 p. m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

“No nos hemos despertado ante las guerras y las injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo” (Francisco, 27 de marzo); y nos preguntamos: ¿Cómo será el día después?, la preocupación es volver a activar todo, porque si no se quiebra, la economía no resiste. Las Iglesias quieren abrir sus templos; hay rebeldía generalizada, alguna de ella por la desconfianza en las diversas informaciones que se contradicen entre sí, pero la más importante es la de los pobres; si obedecen, se mueren de hambre.

Mi reflexión se acerca más a lo religioso, aunque se puede equiparar a los demás campos de la vida humana, y lo primero que viene a mi mente es el reclamo que los discípulos de Juan el Bautista le hacen a los de Jesús sobre el ayuno; pienso que estos momentos para la cristiandad son de ayuno, de ayuno eucarístico; del pan de la vida: Jesús; y la respuesta de Jesús fue: “¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Y es aquí en donde encuentro la relación entre las palabras del papa Francisco y el texto sobre el ayuno que es: Mc 2,18-22 y la necesidad de abrir los templos, para decir: ¿Nos sirvió el confinamiento, el ayuno de eucaristía, para escuchar el grito de los pobres y del planeta enfermo? ¿Y no salir del confinamiento, para volver a la normalidad echando el vino nuevo en odres viejos, o a la inversa el viejo en odres nuevos?

Pero también viene a mi mente las reflexiones que se hacen en todos los campos sobre ese día después; unos dicen: ¿Y quiénes ganaron y quiénes perdieron?, otros que los que tenían caja suficiente pudieron aprovechar para enriquecerse, mientras los que no, se empobrecerán más.

Esta tormenta inesperada que vivimos nos ha comprobado, pues, como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos, descubriendo que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya también otras causas de la miseria.

Esta realidad, como lo decía el papa, que ya fue analizada en Puebla (números 29-30), exige, pues, conversión personal y cambios profundos en las estructuras que responden a las legítimas aspiraciones del pueblo hacia una verdadera justicia social, ¿eso lo tenemos claro?

Ese día, nos vamos a descubrir que estamos más pobres; pero vamos a necesitar entender que para ser pobres de espíritu, como nos lo proponen las Bienaventuranzas, no solo significa ser humilde, sino también desprendido en el espíritu, en lo profundo del ser, sin aferrarse a las cosas viejas de la vieja dispensación, sino descargándose de todo eso para recibir las cosas nuevas, las cosas del reino de los cielos y ¿será que eso ya lo hemos entendido y lo asumimos para un verdadero cambio de vida y en ello del mundo?, permítanme terminar con la letra de un poeta llevada a una canción: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se debe volver a pisar”.

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