Atender a los desamparados

Atender a los desamparados

Septiembre 11, 2019 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Atender a niños huérfanos y desamparados, además de deber moral, es necesario para que esa población aporte de manera positiva a la vida en sociedad en el futuro. Si de la población total de nuestra área metropolitana, de tres millones de personas, un séptimo está entre cero y diez años, un quinceavo de ellos es huérfano, y un tercio de esta población es desamparada, el resultado sería del orden de diez mil niños con necesidad de albergue, comida, educación y desarrollo social.

Esta cifra es inferior a la estimación oficial, que arroja doce mil niños desamparados en Cali, lo cual es angustioso ante la escasez de soluciones integrales en la capital del Valle y, en general, en Colombia.

En efecto, la mera provisión de techo y alimento no basta para convertir a un niño sin perspectivas en ciudadano activo y efectivo. Por ello cabe destacar la adición de un ala a la sede de Casita de Belén, en el barrio Las Delicias, con capacidad para albergar a cien niños en una institución que además ofrece educación primaria plena a otros ciento sesenta niños y atención por la tarde a un centenar más, para un total de 360 niños. Los procesos tienen el apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, cuya directora, Juliana Pungiluppi, está comprometida con el propósito de aumentar la eficacia y la cobertura de los programas dirigidos a la infancia más vulnerable.

La ampliación, determinante para el proceso de la institución, es el resultado del apoyo de diversas entidades a la Fundación Casita de Belén, cuya junta preside Gloria Libreros con excepcional compromiso y resultados laudables. Entre los entes partícipes en la aventura se cuentan la Fundación Maestro Cares, impulsada por el cantante Marc Anthony y Henry Cárdenas, empresario del espectáculo en Estados Unidos criado en nuestro tradicional Siloé; el Grupo Trusot de Guadalajara, México; la Fundación Tecnoglass ESWindows y, por supuesto, las fundaciones Antonio Obeso y Luz Mejía, creadas por los impulsores iniciales de la obra, ya fallecidos.

Han transcurrido más de 60 años en la tarea de apoyar a niños en la construcción de proyectos de vida para integrarse a la sociedad con dignidad y responsabilidad. Casita de Belén mitiga los riesgos de disfuncionalidad social, camino que desemboca con facilidad en delincuencia. La experiencia de los internos puede terminar por la adopción o la recuperación de condiciones idóneas en su raíz familiar para ofrecer al niño el amparo necesario. El esquema educativo es privado, a salvo de la relación patológica entre el Ministerio de Educación Nacional y la Federación Colombiana de Educadores, perjudicial para maestros, educandos y país.

Cali requiere un centenar de instituciones de esta naturaleza. No deben ser más grandes que Casita de Belén, porque en los procesos educativos hay deseconomías de escala. Para financiarlas se requiere crecimiento económico vertiginoso como consecuencia de entendimientos efectivos entre lo público y lo privado para inducir la prosperidad acorde con el siglo en curso.

No volver a Cali eficiente y competitiva es mantener ingresos modestos, desigualdad y las conductas reprochables que se nutren del desamparo.
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