Modales

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Modales

Julio 15, 2018 - 06:40 a. m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Sorprendí la otra noche a mi esposa hipnotizada por videos de YouTube, a volumen tal que no me dejaba concentrar en un excelente documental de Ken Burns sobre Vietnam. La voz de los videos dictaba reglas de etiqueta en la mesa y, francamente, me interrumpía la ‘democrática’ descarga gringa de plomo y napalm. Puse pausa y le pregunté de qué se trataba eso de aprender a comer a estas alturas de la vida.

Me explicó que quería actualizarse, pues a nuestros hijos les están dando instrucción de modales en el colegio. Cómo llevar el tenedor a la boca, cómo poner los cubiertos sobre el plato en clave de manecillas del reloj, el uso de las servilletas, las clases de cuchillos y todas esas cosas que nos hacen lucir civilizados mientras tragamos pedazos de seres que criamos para luego asesinar en serie.

Su dedicación  me animó a compartir con ustedes unas normas básicas de modales para no desentonar con el hoy y ahora del mundo:

Celular. El timbre debe sonar a volumen alto, sobre todo si ha descargado usted un reguetón como ringtone. No olvide que en espacios públicos, cuando esté rodeado de gente, debe ver videos y películas en el teléfono sin usar audífonos. Compartir el ruido se ha convertido en muestra de sociabilidad. Si está en cine, revíselo cada diez minutos, pero sin reducir el brillo de la pantalla.

WhatsApp. Lo más importante es crear grupos de mensajes y estar en todos aquellos a los que sea invitado. Eso le permitirá disfrutar 24 horas de videos sexuales ordinarios, memes repetidos, cadenas advirtiendo sobre arroces contaminados y alertas de acciones terroristas que posiblemente ocurrirán en su ciudad. En lo que tiene que ver con grupos, los más animados y valiosos son los de padres de familia de los colegios. Posdata: chatee mientras camina en la calle y nunca mire al frente.

Niños. Sus hijos pequeños deben llorar. Y qué mejor si lo hacen en largos vuelos de avión o en el teatro (nada más amoroso que llevar bebés de brazos a las películas). Ni se le ocurra enseñarles desde chicos a no hacer escándalo frente a la gente, pues puede ser la génesis de futuros traumas. Gritos, llanto y pataletas se recomiendan hasta que al diablillo se le acaben las pilas. Es el libre desarrollo de la personalidad.

Oficina. Siempre deje sus alertas de correo en volúmenes que puedan escucharse en todos los rincones de la oficina, de manera que todo el mundo se entere que le están escribiendo. Las llamadas en teléfono fijo hágalas y desarróllelas con altavoz.

Chicle. Másquelo con la boca abierta y manténgalo dando vueltas entre los dientes mientras habla con la gente. Una vez perdido el sabor, déjelo pegado en la parte de abajo de sillas o escritorios. Mientras lo consume, haga vistosas bombas y hágalas explotar con fuerza.

Asientos. Si es hombre y va sentado en un vehículo de servicio público, no se le ocurra cederlo a una mujer. La caballerosidad es desde su propio nombre un ejercicio machista y discriminador. Quédese sentado. O párese y déjelo libre para que la señora se siente y no se vea obligada a agradecerle al macho troglodita.

Redes. Está por demás decir que si sus textos no incluyen groserías o calumnias, carecerán de interés y no tendrá seguidores. Lo clave es que, además de la procacidad, los elabore sin hacer caso de reglas de ortografía y otras formalidades gramaticales. Redacte con burda naturalidad.

Matrimonio. A eso de las diez de la noche, mientras está a solas con su pareja, vea videos de modales en la mesa o documentales de guerra.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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