Tecnócratas

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Tecnócratas

Junio 26, 2020 - 11:55 p. m. Por: Gustavo Duncan

La representante Juanita Goebertus y el senador Petro intercambiaron trinos esta semana. Goebertus comentó que Petro le dijo que su problema era ser tecnocrática, a lo que respondió: “A mucho honor”.

Luego, Petro respondió en un trino que “la tecnocracia no es tener argumentos. Es reemplazar el poder de la ciudadanía por un poder de seudo técnicos que al final se subordinan al interés particular.” En el fondo, este cruce de trinos es parte del pulso de fuerzas entre la centro-izquierda y la izquierda radical para las elecciones de 2022. O para decirlo en términos más precisos el pulso entre Fajardo y Petro.

Pero no por eso no deja de contener enormes connotaciones sobre las diferencias ideológicas entre estas dos vertientes políticas. El término tecnocracia alude a funcionarios que, por su experiencia, conocimiento y entrenamiento, se especializan en la solución de temas de política y administración pública.

Es, en la práctica, una versión más sofisticada y rimbombante del burócrata racional descrito por Weber hace más de cien años, aquel funcionario que cumple rutinas establecidas, dictadas por la eficiencia y ajena a cualquier emoción personal.

La distorsión del calificativo tecnocrático obedece a buenas razones. En la segunda mitad del siglo pasado, los científicos sociales, en especial los economistas, soportados en un manejo científico de los problemas de la sociedad alcanzaron un nuevo estatus de influencia. Tenían la legitimidad de la producción científica de las universidades para participar en el debate político. Muchos de ellos simpatizaban y promulgaban soluciones de espíritu menos estatista y más pro libre mercado. Rápidamente fueron asociados con el neoliberalismo.

En la práctica no es tan así. Cualquier vertiente ideológica, partido y movimiento en el oficio de gobierno y de planteamiento de políticas públicas necesita de tecnócratas, es decir de gente especializada en materializar los proyectos del gobernante. Más aún, en las democracias el tecnócrata no solo cumple esta función sino que es parte fundamental del sistema de pesos y contrapesos. Son quienes ponen límites y garantizan la viabilidad de los proyectos de los gobernantes. Sin tecnócratas que hagan un análisis riguroso de los recursos, la infraestructura, el contexto, el impacto y los efectos colaterales, el manejo de los asuntos públicos quedaría al libre albedrío de las ideas y la inspiración de quien dirige el Estado.

La historia está plagada de ejemplos de los fracasos y delirios de autócratas que nunca tuvieron, o no hicieron caso, a los tecnócratas que pudieron haberle advertido de la inviabilidad e inconveniencia de sus iniciativas. Lo de Venezuela en gran parte es el resultado de la falta de tecnócratas competentes que hubieran asesorado a Chávez y luego a Maduro. Si no hubieran despreciado tanto a la figura de la tecnocracia es muy probable que el desastre no hubiera sido tan estruendoso.

Hay ejemplos más perversos. Si se asume a los militares como la tecnocracia de la guerra, en la Segunda Guerra Mundial algunos líderes políticos pagaron muy caro no escuchar a sus tecnócratas. Hitler y Stalin eran famosos por creerse estrategas militares muy superiores a sus generales, solo que Stalin en un momento dado se dio cuenta de su incompetencia y cedió el control de la estrategia militar a tiempo.

Todo apunta a que Petro no ha aprendido estas lecciones.

Sigue en Twitter @gusduncan

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