Explotadores de culpa

Explotadores de culpa

Marzo 29, 2019 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

La exigencia de una disculpa al Rey de España hecha por el presidente de México López Obrador debido a la conquista de su país no solo es un exabrupto por todo el contexto histórico, sino que esconde el uso de una causa en apariencia políticamente correcta, pero inocua, para explotar dividendos políticos.

Es ridícula la petición de López Obrador porque fueron hechos acontecidos hace 500 años cuando aún no existía México como nación. Es decir, el sujeto que ahora exige perdón no existía en ese entonces. De hecho, Hernán Cortés pudo conquistar a los aztecas, que constituían máximo un 20% del México actual, solo porque recurrió a alianzas con otros indígenas como los tlaxcaltecas y los chichimecas. Y ellos no fueron traidores inconsecuentes. Tan solo hicieron lo que la lógica política del momento dictaba. Eran explotados y violentados por los aztecas, quienes aprovechaban su poder superior para incluso realizar sacrificios humanos con ellos.

Igual de patético en su reclamo de perdón es la propia fisonomía de López Obrador. No pareciera tener mayores rasgos indígenas. Si algo da la impresión es de ser descendiente de quienes llegaron de España, construyeron el México que conocemos hoy en día y ocuparon las posiciones principales en la jerarquía social. No sobra decir además que estos descendientes de españoles fueron quienes hicieron la independencia. Por algo en México dicen que la conquista la hicieron los indios y la independencia los blancos.

Y, aunque la exigencia de López Obrador ha llamado la atención por todos los exabruptos históricos que contiene y el descaro de su oportunismo político, esconde una práctica que se ha masificado a raíz de la imposición de la corrección política: la explotación de la culpa. El objetivo es buscar cualquier tipo de agravio y magnificarlo a través de la idealización de las víctimas para luego pasar a la construcción de un culpable colectivo, en lo posible sociedades enteras. El paso final consiste en hacer uso de la culpa en abstracto para reclamar dividendos políticos y económicos en nombre de los agraviados.

De allí que asuntos como el género, la homosexualidad, las razas, el medio ambiente, los conflictos, etc., en que ciertamente se han cometido abusos, sean impuestos como el centro de la agenda política más allá de quienes han sido directamente agraviados. Si desde muchos sectores se explota el miedo en las elecciones y en el debate, como lo hace el uribismo con el tema del castrochavismo, en otros sectores lo que se explota es la culpa.

Basta escuchar a sectores progresistas hablar del medio ambiente, de las minorías, del conflicto, de los pobres y de cómo hay unos grandes culpables, pero también que todos somos en alguna medida culpables, para darse cuenta de la gran manipulación que hay detrás. La razón es que en el fondo no va a haber redención de los agravios, y si la hay es más simbólica que efectiva. Lo que sí hay es una estrategia para acceder al poder.

Nada más diciente de lo anterior que los Ferragamo de Petro untados de barro en las protestas indígenas. Así pretenda fundirse en un solo con las aspiraciones y reivindicaciones de los indígenas, Petro hace parte de otro mundo: de aquel de las élites políticas que para obtener poder y, de paso, estilos de vida lujosos apelan la culpa colectiva.

La agenda de los agraviados es la zona de confort de los explotadores de la culpa.

Sigue en Twitter @gusduncan

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