El otro pedazo

El otro pedazo

Agosto 09, 2019 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

La opinión recibió con entusiasmo la decisión del tribunal de arbitramento de la Ruta del Sol de fallar en una cifra varias veces inferior a la sugerida por la Ministra de Transporte para proceder a una conciliación. El mensaje que quedó es que en el país todavía quedan instancias judiciales que no son susceptibles a la influencia política y a los sobornos de poderosos sectores que se han especializado en la explotación de rentas públicas. Alguna esperanza queda.

También quedó el mensaje que la prensa es un medio de control definitivo para poner límites a las actuaciones de la dirigencia en el Estado y a las pretensiones de los grandes contratistas. Así el desenlace de la situación no hubiera llevado a la renuncia de la Ministra, lo que en cualquier democracia decente era apenas lo natural, el resultado fue que la prensa contribuyó a salvar una suma importante de recursos públicos. El control de la sociedad civil funciona a medias, pero funciona.

No obstante las buenas noticias, hay otro pedazo en la ejecución de obras públicas en que la sociedad colombiana falla de modo preocupante. Es cierto que algo de vigilancia hay sobre la corrupción en el proceso de contratación y construcción, pero por algún razón, o quizá por varias, al final el ritmo de ejecución de las obras es demasiado lento para cubrir las necesidades de infraestructura del país. Dadas las falencias y limitaciones en infraestructura se construyen muy pocas obras y cuando se construyen demoran mucho en terminarse.

Si se analiza como costo de oportunidad, la incapacidad de construir la infraestructura necesaria para el desarrollo es, en la práctica, mucho más impactante que lo que se pierde por corrupción. Haber tenido las autopistas y demás obras que no se hicieron le hubieran significado a la sociedad en su conjunto un mayor volumen de negocios, de movimientos de población, de ahorro en tiempo y de bienestar, todo lo que se traduce en ganancias que se dejaron de recibir.

Para dar una idea de estas pérdidas potenciales uno podría imaginarse un escenario en que el país no hubiera sido capaz de construir la infraestructura portuaria de la que goza hoy en día. Los costos del comercio exterior serían muy superiores y las posibilidades de intercambio de mercancía más restringidas. Solo eso son varios puntos del PIB, o si quiere poner en magnitudes equivalentes, una suma bastante por encima de lo que se roban en cada escándalo de corrupción.

Lo peor es que ese costo el país lo está asumiendo de manera silenciosa: el túnel de la Línea todavía no entra en operación, el ritmo de construcción de las dobles calzadas en los principales corredores nacionales es desilusionante, un proyecto de planta de aluminio en el Urabá no se pudo concretar porque políticos prestantes en Bogotá querían su tajada, muchas inversiones mineras no se hacen porque profesionales de la protesta se interponen, etc.

Desde el punto de vista periodístico y de control político es más fácil concentrar la atención de la opinión en montos concretos que se pierden en sobornos y robos. Sin embargo, se necesita un esfuerzo mesurado y de largo plazo para identificar cuáles son las obras que el país requiere para tener tasas de crecimiento superiores, cuáles son los intereses en juego que impiden su ejecución y qué grado de eficiencia y cumplimiento presentan los distintos agentes responsables de su ejecución.

Sigue en Twitter @gusduncan

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