Deseos y demandas

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Deseos y demandas

Noviembre 15, 2019 - 11:55 p. m. Por: Gustavo Duncan

La gran paradoja de la ola de marchas en América Latina es que su mayor éxito en términos de alcances políticos estuvo en países donde el desempeño de la economía y los indicadores sociales eran superiores.

Evo en Bolivia era la muestra que el populismo de izquierda bien administrado podía funcionar: tasas de crecimiento por encima del 4%, reducción de la pobreza y la desigualdad y un impresionante proceso de inclusión de la población indígena. Sin embargo, los logros económicos no fueron suficientes porque había motivos políticos muy fuertes para la propuesta. El ansia de Evo por atornillarse en el poder, pasándose por la faja los resultados de un referendo, llevó a una reacción que se encontró con el respaldo de las fuerzas de seguridad y hasta allí llegó.

Chile era el caso de mostrar para alentar las medidas más liberales en cuanto al manejo de la economía y los mercados. Es un país con ingresos cercanos a Europa, tasas de pobreza bastante moderadas y, aunque la desigualdad es alta comparada a nivel mundial, en América Latina es una de las más bajas. Sin embargo, un sentimiento de malestar entre muchos sectores que sienten sus expectativas incumplidas obligó al gobierno a comprometerse con una constituyente.

Ahora bien, hay grandes diferencias en la naturaleza de los objetivos de la protesta. En Bolivia había un objetivo muy concreto que era sacar a Evo del poder. Era un pulso político por sacar un caudillo del gobierno, aun a costa de la estabilidad del país. En Chile era más la expresión de un inconformismo, sin una demanda política concreta. Los manifestantes expresan, ante todo, deseos de justicia social, servicios como educación y salud, inclusión política y demás proclamas por el estilo.

Colombia está en un nivel intermedio en su situación. El crecimiento y la reducción de pobreza son muy positivos. En desigualdad y desempleo el desempeño es más bien malo. Y todavía persisten muchos problemas relacionados con el conflicto: asesinato de líderes sociales, reclutamiento de menores, cultivos de coca, etc. Es apenas normal entonces que el país se contagie de la ola de protestas.

No obstante, la dirección que pareciera estar tomando la protesta en Colombia es más hacia la manera chilena. La marcha del próximo 21 de noviembre no es la expresión de una demanda política concreta, es decir, del rechazo a una ley, un cambio de una política particular o la salida de un gobierno, o al menos de alguno de sus funcionarios. Lo que hay es, más bien, el deseo de manifestar el inconformismo sobre el estado de las cosas y la constancia que la sociedad espera más en términos de bienestar, equidad, servicios del Estado y, en especial, reducción de la violencia ligada al conflicto.

Es muy positivo que la sociedad le haga saber al gobierno y a su clase dirigente que quiere más de ellos. Pero las cosas no son tan fáciles. Lo que aspira la sociedad cuesta esfuerzos que deben ser repartidos entre los diferentes sectores que la conforman. Los gobiernos y los líderes políticos deben llegar a consensos sobre en los hombros de quien deben caer estos esfuerzos.

El problema es que muchos de estos esfuerzos son responsabilidad de los jóvenes de sectores medios que hacen parte de la protesta y no son conscientes que otros son más necesitados de justicia social que ellos. La grandeza de los dirigentes se verá si son capaces de hacérselos ver.

Sigue en Twitter @gusduncan

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