Oasis

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Marzo 04, 2019 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Un Sultán era un gobernador mahometano, el título de los monarcas de ciertas naciones árabes o islámicas.

Cuenta la historia que un Sultán llamó a su visir, especie de consejero o primer ministro y le dijo:

Sospecho que un servidor está desviando a su peculio dineros que están destinados a los pobres, mira qué haces al respecto.

El visir lo comprobó, pero no lo envió a prisión sino a vivir en el sector más pobre y abandonado del sultanato.

Allí lo dejó vigilado un año aguantando hambre, soportando la miseria y la marginalidad con su familia.

Al año, lo puso de nuevo en su cargo y de ahí en adelante fue el servidor más fiel, justo y compasivo del sultán.

Es más, su ejemplo sirvió a muchos y los motivó a actuar con rectitud, lejos de la ambición y la codicia.

Un día le dijo al visir: “Gracias. Tuve que experimentar lo peor para poder ahora andar por un sendero de luz”.

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