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Oasis

Septiembre 18, 2020 - 11:30 p. m. Por: Gonzalo Gallo

Un buen ejemplo de cómo acomodamos la realidad a nuestras creencias lo muestra la amiga que le dice a otra:

Mi hijo está bien mal. No tuvo suerte al casarse y escogió a una chica que no sirve para nada, una inútil.

No quiere cocinar, no sabe coser, ni lavar ni limpiar. Se levanta tarde y se la pasa relajada y en plan de pasarla rico.

Cómo será que mi pobre hijo Sebastián cuida el niño y tiene que llevarle el desayuno a la cama.

- Oh, es espantoso, pero cuéntame, ¿qué ha sido de tu hija Alejandra?

- Ah, ella si tuvo la mejor suerte, Dios la bendijo y se casó con un verdadero ángel en la tierra.

Imagínate que él se encarga de todo, cocina, ordena la casa y cuida al bebé. Todo lo que hace mi hija es pasarla rico y descansar.

Además, él le lleva el desayuno a la cama. Dios la premió porque pasea con las amigas, va al gimnasio y se divierte.

Nota. ¡Ay! los humanos somos complejos y acomodamos todo según nos conviene. Vemos la realidad como somos, no como es.

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