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¡Y el niño se salvó!

Octubre 19, 2020 - 11:35 p. m. Por: Gloria H.

¿Salvaría a Martín, a pesar de que sus padres no sobrevivan? ¿Vale la pena su vida con ese gran peso en su futuro? La mezcla de emociones está servida. ¿Alegría o pesar? ¿Por qué se salvó? ¿No hubiese sido mejor que “Dios se los llevara a todos”? ¿Para qué quedó con vida? La información dice que su mamá se dio (o se dieron) cuenta que se estrellaban, lo protege resguardándolo entre sus piernas, cuidando de que el niño no se lastime. ¿Interpretaciones? Todas las que quiera. El instinto de vida acompaña hasta el último instante pero no sé si una madre quisiera que su hijo quedara vivo en estas circunstancias. Lo cuida, lo protege (de ¿morirse?), el niño sobrevive y ahora tiene en su historia una carga emocional, carga que lo acompañará (y marcará) de por vida.

La Psicogenealogía puede ayudar a dar luces sobre hechos como estos que tienen múltiples miradas entre ellas una en particular, relacionada con sus ancestros. ¿Qué guarda la historia familiar que pueda relacionarse con el accidente? ¿Con la muerte? ¿Con cuál miembro de su familia hace lealtad el niño para ‘repetir’ situaciones como estas de sobrevivencia? ¿Existe una deuda, un pendiente en alguno de sus antepasados que el niño haya ‘escogido’ intentar hacerla visible? ¿Existe historia de familiares excluidos? ¿Cuáles son y por qué?

Una persona que sobreviva a un accidente donde haya personas muertas, debe hacer un trabajo de conciencia para liberar la culpa “por qué fui yo el que me salvé y los otros no”. La culpa puede ser paralizante aunque conscientemente él no haya escogido ese desenlace. De lo contrario puede pasar muchos años de su vida buscando morir, no necesariamente en forma física, sino ‘condenándose’ a no ser feliz, a vivir de fracaso en fracaso que en otras palabras no sería algo diferente a estar ‘muerto en vida’.

Hacemos lealtades inconscientes con los ancestros, sin ser conscientes de esa elección. Las fechas, nombres repetidos, hechos trágicos, pueden condicionar esa lealtad que hay que conocer para liberar. ‘Te entrego tu historia, yo no la seguiré cargando’. Entonces, puedo desde ese momento vivir conscientemente mis propias elecciones. Al ser miembros del clan familiar, nos corresponde con sentido de pertenencia, contribuir a su sanación y mejoramiento. Ese es el precio que pagamos por ser miembros de familia. Familia que también escogimos para crecer y aprender.

El inconsciente colectivo está conectado con el inconsciente individual.
El campo mórfico, los registros akásicos, son elementos o ‘cofres’ que guardan esas historias, que una vez conocidas, cuando se ha tomado conciencia de ellas, libera al miembro de familia de esa responsabilidad y le permite asumir su propia vida. Son sorprendentes la respuestas que se pueden encontrar ‘abriendo’ este campo del saber, a veces tan calumniado por ignorancia y temor a lo desconocido. El niño se salva, acontecimiento sorprendente, pero no exento de dificultades. Se combinan interpretaciones psicológicas y espirituales donde Dios, el destino, la historia familiar, podrían aportar interpretaciones de acuerdo al conocimiento y a las creencias. Apenas comienza.

Más de uno puede concluir que hubiese sido ‘mejor’ que hubiera fallecido con sus padres y no enfrentar esa orfandad tan desgarradora y lacerante.

Sigue en Twitter @revolturas

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