La otra mejilla

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La otra mejilla

Julio 02, 2018 - 11:35 p. m. Por: Gloria H.

Tiene tinte religioso. ‘Sabe’ a sumisión, a estupidez. La nuestra es una cultura que enseña a ‘no dejarse’ a probar que se es macho, o fuerte, o el mejor, buscando justificar que nadie está por encima. Nadie. Entonces, cual gallo de pelea, no se resiste la más mínima ‘provocación’. “Aquí estoy yo, ¿usted que quiere?”. Es paradójico este tema del ‘no dejarse’ porque se cree que asumir la actitud defensiva es un acto de valentía, cuando -qué pena-, es todo lo contrario. Es un acto de dependencia, una acción de sometimiento donde el otro hace con sus emociones, lo que le venga en gana. El otro, el provocador, hace con usted lo que se le antoja. Lo invita a pelear y usted, cual ternero en rodeo, se ‘deja llevar’ por el desafiador. Usted, como un idiota, cae. Creyéndose fuerte. Cuándo en definitiva no ha hecho otra cosa que ‘seguir instrucciones’.

Lo anterior para decirle que ahora es necesario ‘poner la otra mejilla’. Lo puede leer como tema religioso. O asunto de idiotez. Pero es un problema de salud mental. En el momento actual, personas con la capacidad de no dejarse enredar, serán las que podrán crear un nuevo país. Hay que opinar pero no engarzarse. El problema no es el presidente de turno, rodeado de tan fieros ‘amigos’ y tan fiera oposición. Los ciudadanos de ‘a pie’, los de las redes, tenemos dos opciones: entramos en el espiral de provocación, o en un acto de valentía, de equilibrio, no respondemos a las agresiones. No es callar, es no engarzarse. No se pierde el criterio, ni el punto de vista personal.

Nadie nunca podrá quitar la opción de la palabra. Se tiene derecho a expresar las ideas pero no a imponerlas o justificarlas. Hable, escriba pero no se engarce. Nuestra responsabilidad está en responder por lo que decimos o escribimos no por lo que los otros interpretan. Porque la interpretación dice más de quien la hace de lo que realmente se escribió.  O habló. “Leer no es mirar las letras que hay en un texto, es interpretarlas, entenderlas para después emitir un juicio. El fanatismo no les permitió hacerlo”, escribió sanamente un lector. No va a existir decreto de estado. No habrá mandato nacional. No busque grupo, chat, o ‘amigos de la paz’. Empiece por usted (claro, si cree). Si cree que el odio es pegajoso, cobarde y enfermizo, comience por no resonar en él.

Tan fácil que es responder y ‘probar’ que lo que el otro escribe o dice es equivocado. Tan simple que es contestar agrediendo la dignidad de otro. Tan fácil que es inventar o suponer. Tan rápido que se mueve la mano (no el cerebro) cuando hay que contestar insultos. Tan fácil y rápido que ‘nos sacan la piedra’. Tan rápido que nos engarzamos en la energía virulenta del otro. Por eso se necesita valentía. Coraje. Mucha seguridad interior, ser dueño de si mismo para no engarzarse.

Repito, no es callar, es no incrustarse en la verborrea del otro. Puede sonar a ‘poner la otra mejilla’. Si lo logra, podrá decirse que es adulto, dueño de sí, capaz de controlarse. Podrá sentirse muy orgulloso. No es fácil. Resonar en contradecir al otro, probarle que está equivocado, es una tentación humana enfermiza y elemental. Dicen que la venganza es dulce. Pero el que cae en esa red pierde el norte y es manejado por el desafiador. ‘Desengarzarse’ es un acto de valentía.

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