Sin remedio

Sin remedio

Enero 23, 2019 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

El Eln, con su infinita capacidad para destruir los caminos recorridos, fue el encargado de hacer trizas la esperanza de una paz con esta guerrilla. No fue necesario que el Gobierno, que tampoco le tenía muchas ganas a la negociación, lo precipitara, simplemente esperó la equivocación de una guerrilla obtusa y sanguinaria. El Eln fue fiel a su historia terrorista, de desconexión con las realidades. Desde sus inicios esta agrupación subversiva ha sido un sancocho ideológico, pues a diferencia de las Farc (guerrilla campesina comunista), el Eln intentó ser una guerrilla guevarista, que debería tener una columna en el sector urbano que propiciara el cambio social desde las ciudades.

Por eso al principio llegaron estudiantes y docentes encandilados con la tierra prometida de la revolución cubana. Pero a esto sumaron también un condimento religioso, intentando aprovechar el fervor cristiano de muchos campesinos. Entonces aparecieron sacerdotes como Domingo Laín, Manuel Pérez y el mítico Camilo Torres. Pero era tanto el radicalismo y falta de sensatez de este grupo que en vez de poner a pensar al cura guerrillero, que era lo único que sabía, le dieron un fusil para que al primer combate lo dieran de baja. Esa es la historia del Eln, una guerrilla que ha tenido en su dirección a ‘perros de la guerra’ que han ejecutado a sus propios integrantes, que se lucran del negocio del narcotráfico, el secuestro, la extorsión y que actúan de espaldas a un país que no les cree.

La dirigencia del Eln le sirvió en bandeja al gobierno del Centro Democrático el norte que necesitaba. Cuando todos esperábamos que el país concentrara sus esfuerzos en atacar la corrupción, desenmascarar los políticos, banqueros, empresarios, fiscales y demás especímenes que se han lucrado de los dineros del Estado, esta guerrilla le dio el ‘leitmotiv’ que tanto anhelaba para reorientar la agenda y llevar al país al escenario donde mejor se desenvuelve. La narrativa del miedo, de la guerra, la vieja estrategia que impulsó Bush y que tan buenos réditos dejó.

En momentos en que Duque transitaba por unos índices de popularidad muy bajos para un gobierno que comienza, aparece la imbecilidad de unos guerrilleros que no entienden que el país no los respalda. Y con su accionar terrorista, lo condujeron al escenario que su mentor lo quería llevar. Lástima porque se perdió una buena oportunidad de aprender de los errores del acuerdo con las Farc y de haber acabado con otro factor de violencia en Colombia.

Muchos se inflaman diciendo que “los acabaremos a plomo”, pero esa película la hemos visto desde hace cincuenta años y allí vamos. Hay gente a la que le encanta la guerra, pero eso sí, solo verla por televisión, porque ni ellos ni sus hijos se untan. Es la triste historia de Colombia. Entonces salen avezados congresistas a pedir que se arme a todos los ‘colombianos de bien’. Y de pronto, de la nada, un grupo de ganaderos dice que es necesario conformar unas pequeñas ‘asociaciones para defendernos’. Ya sabemos en qué termina esto. Bienvenidos al pasado. El perfecto escenario para los que no quieren discutir los otros problemas del país. Por cuenta del Eln, de nuevo la guerra y el odio serán el motor político de Colombia.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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