La soledad de Duque

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La soledad de Duque

Noviembre 27, 2019 - 11:45 p. m. Por: Gerardo Quintero

No deja de sorprender la soledad en que se encuentra el presidente Iván Duque cuando apenas ha transcurrido un año de su gobierno. Las duras expresiones de un personaje como Fernando Londoño, tan extremista y tan de la entraña de Uribe, pidiendo su renuncia solo suman a la preocupación. Que las críticas lleguen desde la oposición vaya y venga. Que Petro aproveche cualquier resquicio para capitalizar políticamente la tensión que se vive producto del paro nacional, es previsible. Pero que desde la interna del Centro Democrático uno de sus alfiles se atreva a exigirle la renuncia al Presidente se sale de cualquier límite.

Y no se trata de un momento de acaloramiento de Londoño. Por el contrario, simplemente está recogiendo el sentir del ala más radical del uribismo a la que nunca le gustó Iván Duque y que ahora contempla (o saborea) la posibilidad de removerlo de su cargo.

Resultan temibles las razones que subyacen en esta exigencia. Lo que hay detrás, ciertamente, es un mensaje radical en el que le informan a Duque que su decisión de abrir una puerta para iniciar un diálogo nacional es una barbaridad, poco menos que un exabrupto.

Lo que está blandiendo la extrema derecha, representada en este señor, es que el Presidente no tiene que escuchar a nadie y que llegó la hora de decretar la conmoción interior, como sugieren algunos senadores del CD. Hay que recordar que esta figura otorga facultades a las autoridades para que con orden judicial o sin ella, detenga de forma preventiva a personas sobre las que se tenga algún indicio de estar comprometidas en delitos. Que no equivoquen las voces de la oposición. Generar el caos en el país, buscar la salida del Duque es un error monumental porque justamente el estilo conciliador del Jefe de Estado es el que molesta al sector radical del CD.

Duque es lo más cercano al centro del uribismo y por eso tampoco el apoyo del ‘presidente eterno’ ha sido contundente. En otras circunstancias el partido de gobierno lo hubiera rodeado, hubiese acompañado su propósito de buscar consensos y aplaudido su forma de manejar la crisis sin muertos. Hay que recordar cuánta gente ha fallecido en Chile, Venezuela y en Bolivia durante las protestas. Claro, aquí un joven desafortunadamente murió por el terrible ataque de un miembro del Esmad, pero el gobierno no ha dado la orden de matar, como sí ha sucedido en otros países.

El sueño de Londoño es muy claro: poner en la Casa de Nariño una persona más afín a la línea guerrerista que subyace en el partido, a aquella que considera innecesario hablar con quienes piensan distinto, una línea a la que le interesa acabar con lo pactado en el proceso de paz, un sector que no piensa invertir un peso en proteger a los líderes sociales, un grupo que considera enemigos, comunistas y guerrilleros a todo aquel que no piense como ellos.

Entonces, no se equivoquen, hablen con el presidente Duque, busquen consensos, construyan en vez de destruir. Aprovechen que hay un Jefe de Estado con una intención genuina de diálogo, el peor escenario es que en un futuro cercano puede que no lo tengamos.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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