El triste papel del periodismo

Junio 22, 2022 - 11:45 p. m. 2022-06-22 Por: Gerardo Quintero

Terminada la campaña presidencial más oscura y belicosa de los últimos tiempos, es hora de comenzar a reflexionar sobre varios procesos que se hicieron muy mal durante este periodo. Pero ahora me quiero concentrar en el lamentable papel que cumplieron muchos periodistas durante este periodo de agitación. Si algún sector quedó lacerado, perdido y sin norte fue el periodismo, con algunas excepciones, por supuesto, como suele suceder.

Desde diferentes tribunas, periodistas y medios de comunicación atizaron una violencia informativa incesante. En vez de ser los llamados a guardar la calma y prudencia, lo que hicieron muchos comunicadores fue aumentar el fuego virulento que se vio en esta asqueante carrera presidencial. Desde todos los espectros ideológicos, muchos de estos comunicadores no se dedicaron a informar sino a ser una rueda más de esas campañas.

En lugar de ser periodistas, a lo que se dedicaron fue a un activismo político como pocas veces lo había visto. La cordura, la sensatez que implica esta profesión se perdió en un abismo de insultos, agravios, desconcierto y desprestigio.

Es lamentable, además, que muy pocos, en su grandísima soberbia, se han dado cuenta del daño que le han hecho al ejercicio profesional y no existe una sola reflexión para analizar lo que hicieron mal. Estamos en un momento definitivo para el país y escasean esas voces que puedan llamar a la cordura. Por el contrario, los adalides del nuevo periodismo son aquellos que encienden las barras, que se destacan por su laxitud, vulgaridad y falta de cordura. Ser pendenciero parece que es la nueva faceta periodística. En la medida en que un periodista se matricula más hacia un sector político y se convierte en su ‘barra brava’ parece que es lo más aplaudido.

Sin embargo, la realidad indica que es ahora cuando justamente uno esperaría esas voces que llaman a la calma, a la ponderación, al análisis juicioso alejado de los apasionamientos. Todo esto lo que ha generado es un desprestigio enorme de medios de comunicación y periodistas. La crisis está instalada. Ya no se habla de los grandes trabajos de investigación sino de quién o cuál periodista es más agresivo en redes sociales, la cloaca de la información. Ya no valoramos el ejercicio del trabajo de reportería sino cuántos seguidores y ‘likes’ puede tener este o aquel comunicador, a partir de sus opiniones incendiarias.

Estamos en un verdadero cambio del ejercicio periodístico, pero a mí parecer, en el peor escenario, donde el periodista ya no tiene compromiso con la verdad sino con sus pasiones. Donde el periodista salta sin misericordia de uno a otro grupo político. Donde el comunicador es solo un engranaje más de una cadena de intereses.

Estas reflexiones se quedarán, sin duda, en el ambiente académico porque si hay personajes soberbios, plenos de ego y egoísmo somos los periodistas, lamentablemente. Alguna vez ese faro de la profesión que fue Javier Darío Restrepo dijo que “el periodismo político es inmoral para un periodista porque desconoce la dignidad del periodista y de la persona…”. Muchos periodistas hoy, cual saltimbanquis, rebotan en una lona enresortada de campaña en campaña. Triste papel del periodismo actual, alineándose como una ficha más dentro del oscuro y denso paisaje político del país.

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