Bienvenida, Ingrid

Enero 19, 2022 - 11:45 p. m. 2022-01-19 Por: Gerardo Quintero

El regreso de Íngrid Betancourt a la política colombiana es una de esas buenas noticias en medio del estercolero que hoy representa esta actividad. Seguramente sus enemigos volverán a saltar de sus alcantarillas para despotricar de una mujer valiosa, inteligente, que podría aportarle mucho a este país en medio de la polarización que se agudiza cada día más.

Esa es la razón por la que considero que la oficialización de su precandidatura a la presidencia por la Coalición Centro Esperanza es una ventana abierta a esos extremos que hoy conducen al país a una situación de violencia verbal y política inexorable que solo se puede comparar con lo que se padecía en los años 40 y 50 del siglo pasado.

Mientras unos se consideran los salvadores de Colombia y advierten de la ‘innombrable’ “amenaza que, si llega al poder, va a destruir a Colombia”; otros con palabras distintas, pero igual propósito, argumentan que solo ellos podrán ‘salvar’ a Colombia de la hecatombe moral y de la violencia.

Por eso Íngrid Betancourt, así no gane estas elecciones, es tan importante en este momento clave para el país. Una voz sensata en medio del agitado panorama en el que la derecha radical apela al recurrente terror para que la gente vote atemorizada y la extrema izquierda se va por la vieja fórmula de ‘la hora de los excluidos’ para atizar la mentira de que todo cambiará cuando ellos asuman el poder.

La falacia y la violencia ganan cada vez más terreno. Un país que se alista para saltar al despeñadero con sus políticos voraces desde todos los frentes que atizan el fuego para que sus hordas de salvajes adeptos desaten la furia contra sus adversarios.

Es posible que ese haya sido el escenario percibido por Íngrid, que intentará buscar ese resquicio que deja la polarización para llevar un mensaje de unidad. Ella ha sido víctima de la violencia guerrillera, del secuestro y eso cambió su forma de ver el país. A pesar de las penurias no quedó cegada por el odio ni la venganza, tampoco tiene síndrome de Estocolmo como quieren hacerlo ver sus detractores. Es una mujer ecuánime, honesta, coherente en sus principios, que ha luchado contra la corrupción y la mafia y que ha sido menospreciada y no pocas veces tildada de loca por esos mismos hombres que han manejado demencialmente este país.

Seguramente no ganará porque este país está ávido de sangre. A los colombianos no les gusta la contradicción, solo el unanimismo porque de lo contrario vendrá la violencia desde todos los frentes. De manera que una mujer que promueva un mensaje de esperanza, de unión, de transformar desde nuestras entrañas, que proponga aprender de nuevo a ser ciudadanos libres, que crea que necesitamos una real democracia, difícilmente calará en una sociedad fracturada, vengativa, que apuesta por la división.

Pero a pesar de todo, bienvenida, Íngrid, a esta alcantarilla política.
Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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