Tragedia humanitaria

Tragedia humanitaria

Febrero 15, 2019 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

¿Crisis humanitaria? Realmente, tragedia humanitaria. La descripción que hizo el Obispo de Cúcuta en la sesión académica (febrero 13) que organizó la Universidad del Rosario, fue impactante. Descomunal el esfuerzo de la jerarquía católica, el de muchos voluntarios colombianos y venezolanos. Y descomunalmente triste la precaria situación de los venezolanos. Es un relato que preferiría no volver a escuchar.

En esta reunión se presentaba y debatía el informe ‘Hermanos en la frontera’ elaborado por el Diálogo Interamericano, dirigido por Michael J. Camilleri y Fen Osler Hampson. Varias entidades internacionales contribuyeron para posibilitar este informe y su presentación en Bogotá.
Todos exaltaron -y de qué manera- el admirable espectáculo de solidaridad que Colombia estaba haciendo. No ahorraron palabras elogiosas. El profesor Andrés Molano, en representación del canciller Trujillo, explicó los principales lineamientos de la Política Pública que se ha venido poniendo en práctica para ayudar a los venezolanos. Y mostró en términos muy claros la interrelación entre la situación venezolana y la colombiana. Para bien o para mal nuestra suerte está unida.

Una conclusión, reafirmada por diferentes panelistas, es la advertencia de que así el régimen de Maduro desaparezca esta tragedia no desaparecerá de inmediat ni pronto. Se dice que la experiencia mundial enseña que muchos migrantes ya no regresarían. Mientras la situación vuelve a la normalidad el problema seguirá vigente. Una cuestión de años.

El concepto de solidaridad estuvo omnipresente. Colombia, solitariamente, no puede asumir esta colosal responsabilidad. Hay un tema de corresponsabilidad que la comunidad internacional en todas sus manifestaciones tiene que asumir. Ya lo está haciendo pero deberá intensificar su contribución.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, fue explícito en señalar que no estamos ante una dictadura o régimen autoritario, sino ante una organización criminal que tiene en la corrupción, el tráfico de drogas y el abuso de poder las herramientas para desconocer los más elementales valores democráticos o humanitarios. Es lo que se observa con la estrategia brutal para bloquear la ayuda humanitaria.

Concertación regional, armonización de la comunidad internacional para participar en el rescate de una nación humillada y vilipendiada, y mucha, pero mucha fe, en la posibilidad de una salida pacífica, civilizada, es lo que se reclama.

Una situación inédita que necesita aproximaciones inéditas, creativas, se dijo repetidamente.

Esta vez el mundo nos contempla con admiración y aprecio por lo que Gobierno, Iglesia, sociedad civil y ciudadanos estamos haciendo.
Así, mientras el presidente Duque reportaba la urgencia de fortalecer la ayuda humanitaria y mostraba las dificultades que un país como Colombia, lleno de limitaciones y de necesidades, está realizando con sobrada generosidad y demandaba, entonces, más significativo compromiso de la comunidad internacional.

Eduardo Stein, enviado especial de Acnur y de la Organización de Migraciones Internacionales, fue muy claro en decir: “Esta crisis tiene un origen político y, por ello, la solución es política”.

Esta tragedia, sin duda, adquiere dimensión muchísimo más preocupante si se le añaden los gravísimos factores de perturbación que han venido complicando la situación de la frontera: el comportamiento del Eln aquí y en Venezuela; el papel de los grupos residuales de las Farc; la actividad de diversas organizaciones criminales, relacionadas con tráfico de drogas, armas, mujeres, niños, para no mencionar las tradicionales corrientes de contrabando hoy estimuladas por el lavado de ingentes sumas de dinero.

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