RIP

RIP

Julio 27, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Revelaciones, Investigación y Persecución judicial (prosecution), es el contenido de RIP. Así describe un controvertido profesor de Ciencia Política de la Universidad de Johns Hopkins, Benjamín Ginsberg, el fenómeno en virtud del cual el proceso político (debate, programas, elecciones) no determina la suerte de los contrincantes en el juego político.

Es coautor de un libro publicado hace 28 años, revisado y actualizado en dos ediciones posteriores. El título lo dice todo: ‘Politics by other means, politicians, prosecutors and the press from Watergate to Whitewaters’, el Juego político por otros medios, políticos, fiscales y la prensa, de Watergate a Whitewaters).

Analiza cómo los escándalos han pasado a dominar la escena política. Es lo que denomina “el juego político postelectoral” en el cual la conjunción de medios de comunicación, investigaciones en el Congreso y procedimientos judiciales, sustituyen las elecciones como herramienta natural de la lucha política.

Los competidores o rivales políticos no buscan conquistar más votos o mayor apoyo de los ciudadanos sino desacreditar fatalmente a su adversario o llevarlo a la cárcel. Una forma de sacarlo del juego.

Nixon, Reagan, Clinton, Obama (¡si había nacido en los Estados Unidos!), Trump (si en su campaña hubo colusión con Rusia, etc.); Hillary (en la campaña gritaban que deberían llevarla a la cárcel). Y en otras partes del mundo no contempladas en el libro, casos como el de Lula, en Brasil; los Kirchner en Argentina; Pedro Pablo Kuczynski en Perú, y cuatro expresidentes más; Martinelly en Panamá; otros expresidentes en Centroamérica. Nicolás Sarkosy en Francia; Rajoy, en España; Berlusconi, en Italia, etc.

Para el profesor Ginsberg, se trata de la utilización del litigio judicial como nueva arma política. Habla de la criminalización del desacuerdo, de confrontaciones institucionales que reemplazan la competencia electoral. Un debilitamiento de la democracia.

En algunos casos, aparte del interés partidista en destruir al adversario, existe un sólido fundamento que busca, apropiadamente, preservar la institucionalidad, el imperio de la Ley, el principio fundamental que proclama que nadie está por encima de la Ley.

En otros casos la situación es más opaca y se diría que “el juego político por otros medios” está operando. Son tantos los casos que valdría la pena que el profesor Ginsberg actualizara su libro.

Es legítimo preguntar si algo de lo que plantea el profesor Ginsberg está ocurriendo en el caso del expresidente Álvaro Uribe. Pues eso es lo que la autoridad judicial competente deberá establecer, ojalá, con transparencia máxima. Que no exista ni la más leve sombra de duda sobre la decisión que se adopte. Que hubo filtraciones interesadas; ¡que esta decisión estaba cantada desde hacía meses! son decires que contaminan la actuación judicial.

Una cosa es un juicio (impeachment) ante el Congreso o un voto de censura. Se sabe que es de naturaleza política y que lo que cuenta son los votos, o sea, si hay o no una mayoría en favor o en contra.

Cuando una Alta Corte ejerce la función de evaluar la conducta de un expresidente que es, además, una sobresaliente personalidad que ha venido siendo objeto de una confrontación en torno de sus actuaciones, antes, durante y después de ocho años de presidencia, es apenas natural que se desaten actitudes radicales en favor y en contra y suspicacias de toda naturaleza.

Es indispensable un proceso absolutamente impecable.

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