La decadencia de Grecia

La decadencia de Grecia

Enero 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Si uno quisiera identificar un ejemplo de decadencia política, el de Grecia es un caso emblemático. Tenemos como referente de la vida democrática y de la filosofía que la inspira, la Grecia Clásica, la de Aristóteles, Platón, Sócrates. Pero de ese admirado momento histórico queda muy poco. Por supuesto, la belleza del Partenón y unos testimonios literarios descomunales. Y hoy, pues un destino turístico maravilloso, realmente encantador. No se puede decir lo mismo de su vida política. El dato más sorprendente es el de pésimo manejo económico que la ha caracterizado en los últimos 200 años. Algunos dicen que desde 1820 el Estado griego ha vivido, cada dos años, una situación crítica, que lo lleva a no cumplir sus compromisos crediticios. Es lo que le está ocurriendo ahora. La crisis de la deuda es impresionante; ello tiene un antecedente muy grave y es que hace casi diez años el gobierno obligó a la autoridad estadística, a divulgar cifras falsas. El engaño fue muy significativo. En el 2010 esto fue evidente para los países europeos, a tal punto que un funcionario de Eurostat -la agencia europea de estadística- fue nombrado en Grecia; éste reveló el tamaño de la falsificación estadística. Así se generó un enorme escándalo y, como consecuencia, la crisis que ahora ha dado lugar al triunfo político de un partido que prédica la renegociación de la deuda y otras políticas que resultan de muy difícil aceptación para la Eurozona, de la cual Grecia forma parte. Una razón adicional para que la Ocde espere de sus miembros que tengan Autoridades Estadísticas que sean independientes, porque no habría otra manera de darle confiabilidad a los datos que la comunidad internacional y los inversionistas, requieren para relacionarse con un país. Grecia no sólo ha vivido años turbulentos de dictaduras, de guerra civil y gobiernos incompetentes -ahí está la decadencia- sino que no ha contado con dirigentes que la guíen por el camino de un crecimiento económico sostenible. El triunfo del partido de izquierda Syriza ha sido contundente. Pero su prédica en materia económica no parece que vaya a conmover a los gobiernos europeos ni al banco de la Eurozona, ni a las autoridades comunitarias en Bruselas. No sólo porque ya se han hecho esfuerzos fallidos durante varios años, sino porque el tratamiento blando que exige el partido triunfante, generaría un efecto de contagio que puede crear mayores problemas que los esperados, al generar demandas semejantes por parte de partidos políticos que se verían, así, reforzados y que podrían ganar el poder en países como España, Francia e Irlanda. Es el caso del Frente Nacional y del Sinn Fein. Eso ya sería catastrófico para la Unión Europea. Y es visto, desde ya, con mucho temor por los otros partidos políticos en cada uno de estos países.Así, pues, estamos en una situación muy compleja. Hay elementos económicos sustantivos de gran envergadura. Se podría recordar la frase de Clinton: “Es la economía, estúpido”, pero en este caso, también, habría que decir: “Y es también la política”, no sólo la política en varios países de la Unión Europea, sino de toda Europa.Como que se llegó, por fin, a la hora de la verdad en la relación con Grecia y de ésta con sus socios en Europa.

VER COMENTARIOS
Columnistas