Interrogantes

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Interrogantes

Noviembre 01, 2019 - 11:50 p. m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Cada quien interpreta el resultado electoral como le conviene. La gran pregunta de si estamos mejorando o empeorando en lo que tiene que ver con el funcionamiento del sistema electoral no encuentra comentarios.

Se escuchan planteamientos dramáticos sobre lo que está ocurriendo en Cartagena o en Buenaventura pero, en esencia, ¿qué fue lo que ocurrió?
No tiene todavía una respuesta apropiada. ¿Qué pasó con la compra de votos? ¿Qué ocurrió con la financiación de más de 117.000 campañas electorales? ¿En qué medida la financiación criminal de los carteles de la droga, de la minería ilegal y del contrabando, incidieron en estas elecciones, dónde y cuánto? ¿O todo ello desapareció como por arte de magia?

¿Y qué ocurrió con las empresas político-criminales que denunció el excontralor Edgardo Maya? ¿O con los políticos-contratistas de que hablaba el expresidente César Gaviria? ¿Y qué ocurrió esta vez con la manipulación de los formularios E-14 que dieron lugar a una prolija investigación de la Universidad Georgetown y que mencioné en varias ocasiones en esta columna? ¿O esas prácticas vitandas también desaparecieron?

Es que hay interpretaciones que dan a entender que emergió un nuevo país político en el cual todos estos fenómenos desaparecieron o se minimizaron. Otras interpretaciones dan a entender que esta fue una jornada electoral contra la corrupción que, además, resultó exitosa ¡Carambas! Sería urgente hacer un estudio a fondo para mostrarle al mundo cómo es qué un fenómeno tan arraigado en municipios y departamentos fue derrumbado con las papeletas electorales. Otros proclaman que hay un nuevo país político que, además, debe dar lugar a unos cambios en el gobierno nacional…

Nada resultaría más satisfactorio que todos estos análisis fueran correctos.

O siquiera una parte significativa.

Sería ya mucho decir que la financiación de estas campañas siguió las pautas legales y que no hay nada que temer sobre las prácticas corruptas que tanto la financiación tradicional como las listas abiertas han propiciado. Al respecto nada se dice. No obstante que, antes de publicar los resultados, se afirmaba que tan sólo un porcentaje mínimo (15 o 18%) de los candidatos estaba informando cuál era el volumen y el origen de sus ingresos y gastos.

Lo que se ha escrito después del domingo 27 de octubre contrasta enormemente con algunos informes previos o con el análisis tan deprimente que hizo Germán Vargas Lleras en su columna en El Tiempo (27 de octubre) cuando afirmó cosas como las siguientes: “Al término de mi recorrido por varios departamentos del país para acompañar a algunos candidatos que creo serían buenos gobernantes, pude confirmar cómo se sigue envileciendo el funcionamiento de nuestro sistema electoral e incluso conocer nuevas falencias y amenazas para nuestra democracia...”. Y más adelante: “Qué útil sería que la reforma acabe con esta farsa, se establezcan topes de gastos realistas, esquemas de financiación transparentes (…) y tantos otros temas como la reglamentación de las encuestas (…)”. Esto no lo dice un académico sino una persona que ha estado inmersa en la vida electoral colombiana. Y Juan Lozano, en su columna del día siguiente a las elecciones se expresa así: “El sistema político está podrido. El modelo está fracasando y requiere correctivos urgentes”.

Que no nos vaya a pasar lo que a Chile, por no saber leer la realidad. ¡Ojo con la autocomplacencia!

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