Columnistas
En el lugar equivocado
A este presidente le encanta mandar, es decir, nombrar, destituir, proclamar y hasta insultar. Pero de gobernar, poco.
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20 de jul de 2026, 01:34 a. m.
Actualizado el 20 de jul de 2026, 01:34 a. m.
Se sabe que las personas tienden a llegar a su nivel de falta de competencia. Pero hay algo peor que ascender hasta la propia incompetencia: llegar a un cargo cuya verdadera naturaleza jamás se comprendió. De esto último dan fe los colombianos, que se aprestan a despedir un cuatrienio de sobresaltos.
Es evidente que, tras cuatro años de ejercicio del cargo, el actual presidente está en el lugar equivocado. Sus características personales, su conflictividad permanente y su desprecio por las instituciones lo convirtieron en alguien que no comprendió nunca la labor de un jefe de Estado.
A este presidente le encanta mandar, es decir, nombrar, destituir, proclamar y hasta insultar. Pero de gobernar, poco. Gobernar es concertar, ejecutar y administrar; mandar es apenas dar órdenes. Nunca se supo rodear de técnicos, sino de partidarios políticos, como lo atestigua el interminable desfile de ministros y funcionarios cuya principal credencial era la lealtad. Así, los grandes asuntos nacionales —la salud, la seguridad, las finanzas públicas— quedaron en manos de la improvisación.
Jamás comprendió que Colombia tiene unos linderos geográficos por fuera de los cuales el presidente carece de jurisdicción y mando. El Congreso del Perú lo declaró persona non grata en dos ocasiones. El intercambio de insultos con Javier Milei terminó con la expulsión del cuerpo diplomático argentino en pleno. Rompió relaciones con Israel. Protagonizó agrias trifulcas tuiteras con Nayib Bukele yel presidente del Ecuador. Alcanzó a enredarse con Chile apenas conocido el triunfo electoral de José Antonio Kast.
Estados Unidos descertificó a Colombia en la lucha antidrogas tras décadas de cooperación; le revocó la visa al mandatario después de su arenga con megáfono en mano en las calles de Nueva York, invitando a los soldados norteamericanos a la desobediencia; y lo incluyó, junto con miembros de su familia, en la temida lista de sancionados de la OFAC.
Sus conflictos internacionales, con varios países latinoamericanos y sobre todo con la gran potencia de Estados Unidos, demuestran que el actual presidente siempre ha estado en el lugar equivocado. El próximo 7 de agosto, por fortuna, la banda presidencial cambiará de pecho.
Se vino a saber que el presidente será retratado a costo millonario por un artista. Detalle revelador: el cuadro se hará con base en fotografías, de suerte que el retratado ni siquiera tendrá que posar. Andaba, seguramente, en otro lugar. Como tememos que el lienzo no alcance a recoger la esencia del retratado, contribuimos gratuitamente con el siguiente collage de citas breves sobre el personaje.
Daniel García Peña lo definió como un déspota. Antonio Caballero dijo de él que era un tipo de mala calaña. Antonio Navarro comento que el actual presidente nunca desmovilizó el espíritu. Donald Trump lo definió como un buscapleitos. Y Xavier Vendrell, quién fue su asesor, dijo del actual jefe de Estado que después del segundo Whisky se convierte en anarquista.
Posdata. Cali no solo debe celebrar los 490 años de su fundación. También debe recordar los 70 años de la trágica explosión del 7 de agosto de 1956, cuando seis camiones cargados de dinamita estallaron en plena madrugada, borraron barrios enteros y dejaron centenares de víctimas. La memoria es también una forma de justicia.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.
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