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El discernimiento como clave de lectura de Magnifica Humanitas
La conclusión parece clara: Inteligencia Artificial sin discernimiento espiritual puede convertirse en caldo de cultivo de nuevas esclavitudes.
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8 de jun de 2026, 12:48 a. m.
Actualizado el 8 de jun de 2026, 12:48 a. m.
El papa León XIV publicó su primera encíclica con el sugerente título Magnifica Humanitas. No sobra recordar que las encíclicas (encyclia en latín y egkyklios en griego significan circulante, algo que da la vuelta) son cartas circulares que los papas dirigen a la Iglesia Católica sobre temas pastorales o de doctrina teológica, moral o social, con el fin de orientar y acompañar la vida de los creyentes y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Si bien no son declaraciones dogmáticas infalibles, tienen la pretensión de ser acogidas, reflexionadas, interpretadas y practicadas por todos para el bien de los creyentes y de toda la humanidad.
Magnifica Humanitas tiene subtítulo: sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Eso revela desde el comienzo una preocupación y una pretensión. No se trata de un análisis frío, neutral o desinteresado de la IA, por el contrario, es un texto concebido para proteger a la persona humana en un momento preciso de la historia. Si algo debe ser protegido es porque hay amenazas. Esta encíclica está enmarcada en la cura personalis, el cuidado de cada persona.
Voy a limitarme a comentar algo que atrajo mi atención desde que comencé a leerla: la importancia que tiene el discernimiento, un término muy propio –aunque no exclusivo– de la espiritualidad ignaciana y de los ejercicios espirituales de San Ignacio. La palabra discernimiento aparece 25 veces en la encíclica y, a mi entender, deja en el texto su huella, algo así como una clave de lectura.
Afirma, por ejemplo, que la doctrina social de la iglesia muestra su faceta más auténtica en que “no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario” (§27). Eso introduce en la doctrina papal un elemento de apertura y discernimiento sinodal que no conocíamos. El papa no impone verticalmente principios y normas para que sean aplicados ciegamente por los creyentes; los principios y las normas propuestos están ahí para ser discernidos, esto es, para ser apropiados creativamente por el pueblo de Dios en medio de sus muy diversos contextos socioeconómicos, culturales y políticos, y para descubrir cómo Dios se manifiesta en esos contextos concretos de vida cotidiana.
Ante la aparición y el desarrollo vertiginoso de la IA, hemos visto cómo contrastan el ingenuo entusiasmo de unos y el miedo y las reservas de otros, como si de cara al desarrollo tecnológico el asunto pudiera resolverse a partir de emociones privadas. Dice León XIV: “No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento –la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz– y tradúzcamoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz” (§14).
En algunos párrafos de la encíclica se califica el discernimiento como discernimiento espiritual. De hecho, hay muchas formas de discernir o ponderar: a partir del cálculo de pérdidas y ganancias, de riesgos y seguridades, de certezas e incertidumbres, y también a partir de emociones. Pero el discernimiento espiritual surge de una pregunta de orden espiritual: ¿qué es lo que Dios nos pide o espera de nosotros? De nuevo el papa León: “Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro. Cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasión para verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos” (§240). La conclusión parece clara: Inteligencia Artificial sin discernimiento espiritual puede convertirse en caldo de cultivo de nuevas esclavitudes.
Cuando el papa Pablo VI publicó en 1968 la encíclica Humanae Vitae sobre la regulación de la natalidad, muchos la leyeron, la aplaudieron o la rechazaron desde la perspectiva de lo que estaba prohibido o permitido en asuntos de control natal. En contraste con eso, la encíclica que hoy nos entrega León XIV sobre la inteligencia artificial es una invitación al discernimiento espiritual en común, una actitud que confirma el espíritu sinodal impulsado en la Iglesia por el querido papa Francisco.

Rector Universidad Javeriana Cali
6024455000





