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Educación política

El problema no es de malos candidatos, sino de malos electores que se dejan embaucar con promesas que no solo no se cumplirán, sino que con frecuencia es mejor que así sea.

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Benjamín Barney Caldas.
Benjamín Barney Caldas. | Foto: El País

9 de abr de 2026, 01:17 a. m.

Actualizado el 9 de abr de 2026, 01:17 a. m.

Una educación política que implica la formación cívica, institucional, urbana y estética; en últimas, la de un ciudadano culto y urbanita y no apenas un habitante más de la ciudad; que entienda que la belleza urbana implica mirar los monumentos más allá de las personas o acontecimientos a los que se refieren; que conozca la geografía e historia de la ciudad, de las normas urbano -arquitectónicas- y su propósito; cómo funciona el Gobierno Nacional, Departamental o Municipal, y sus derechos, deberes y responsabilidades; y que su educación cívica sea impecable. Entonces estará habilitado para participar en las elecciones, y ser responsable y no abstenerse, y para seleccionar candidatos por sus propuestas, formación, experiencia, honradez y pasado.

Se trata de que urge la necesidad de ocuparse de las ciudades en tanto artefactos y no apenas de sus actividades y de sus habitantes, considerando que ya en la tercera década del Siglo XXI estos están inevitablemente unidos a ellas, pues ya más de la mitad de la población del mundo que vive en las ciudades y en Colombia son cerca de las tres cuartas partes, y los demás dependen de ellas, y que la mayoría de las actividades se realizan en las ciudades.

Las ciudades iniciaron la civilización y, como ya son del todo ineludibles, es perentorio procurar que sean más seguras, funcionales, confortables, estimulantes, bellas y emocionantes, para que habitar en ellas, ya como urbanitas civilizados, sea muy grato y estimulante en muchos sentidos.

Pero para poder alcanzar un mejor futuro para las ciudades, a partir de las razones básicas de su inicio, es necesario poder contar con políticos que sepan que la palabra política tiene el mismo origen de polis, que politeia es la teoría de la polis, que politiké technees el arte de vivir en sociedad y que ética es lo correcto frente a lo incorrecto de la conducta humana, y que si bien la cultura ha evolucionado, el ser humano sigue siendo el mismo. Buena parte de los graves problemas de convivencia en las ciudades colombianas, desde la violencia familiar a los accidentes de tránsito, pasando por las peleas entre vecinos, que matan mucho más que el conflicto armado, se debe, parcial o totalmente, a que todavía a los colombianos no se los ha educado para vivir en ciudades.

De ahí que lo primero sea derrotar esa abstención que ha permitido que los candidatos a distintos cargos y a diferentes niveles sean elegidos con los votos de poco más de la mitad de los que votan, que suelen ser apenas la mitad de los que están habilitados para hacerlo. El problema, pues, no es de malos candidatos, sino de malos electores, que por ignorancia, ingenuidad, resquemores, complejos, o creyéndose vivos, se dejan embaucar con promesas que no solo no se cumplirán, sino que con frecuencia es mejor que así sea. La abstención mayoritaria ha sido una constante en el país, pero si los que tradicionalmente se abstienen votaran en blanco, se daría un paso significativo en la participación de los ciudadanos en el destino de sus ciudades, departamentos y el país.

Finalmente, se debe buscar una educación política que lleve pronto, mediante un referendo al respecto, al voto por orden de preferencia (ranqueado o preferencial); es un sistema en el que los votantes ordenan o ranquean a sus candidatos u opciones en una secuencia 1º, 2º, 3º, etc., de mayor a menor preferencia, en vez de simplemente votar por uno (Wikipedia). A los candidatos que obtengan mayor votación y estén casi empatados, se les suma la votación que lograron como segunda o tercera preferencia y dejarán de estarlo, y así ganará el que ha sido considerado por más votantes, ya sea como 1ª, 2ª o 3ª opción, o sea, el que les llega a más personas; o, en el caso de que se trate de escoger opciones, por la que más se vote será la que más convence a más gente.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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