Mijail, visionario de la paz

Septiembre 10, 2022 - 11:30 p. m. 2022-09-10 Por: Claudia Blum

Mijaíl Gorbachov murió a sus 91 años y la historia reconocerá al líder que jugó un papel clave para dar fin a la Guerra Fría, esa confrontación de cuatro décadas que dividió al mundo entre dos modelos políticos, económicos, sociales e ideológicos opuestos, y que tuvo incluso dolorosas repercusiones en nuestra América Latina que padeció la violencia y los abusos por guerrillas y dictaduras alineadas en uno u otro bando.

Desde que llegó al poder en la Unión Soviética en 1985, Gorbachov planteó un nuevo rumbo. Quienes ya vivíamos en el mundo de la política en la década de los 80, veíamos con asombro que un líder soviético planteara allí una perestroika o reestructuración económica sin perder un enfoque social.

Y nos invadía aún más el optimismo al conocer su planteamiento de apertura o glasnost, que incluía ideales de democracia, libertad de expresión, derechos humanos y pluralidad de partidos, impensables antes en la URSS.

Internacionalmente, en la generación que creció atemorizada por los riesgos de una posible guerra nuclear, vimos con esperanza a un Gorbachov con la valentía de acordar con los Estados Unidos frenos concretos para la carrera armamentista nuclear; al líder que ordenó el repliegue soviético de Afganistán y que soñaba con una Europa unida; y que evitó, además, intervenir ante la caída del Muro de Berlín y el renacimiento democrático en países europeos. Por eso fue un símbolo político del Siglo XX, y recibió con méritos el Premio Nobel de la Paz en 1990.

Siempre me interesó su vida y la personalidad del hijo de campesinos rusos y con ancestros ucranianos por el lado materno; siempre mostró liderazgo desde las juventudes comunistas hasta que se graduó en Derecho en la Universidad Estatal de Moscú. El enamorado de su eterna confidente, su instruida esposa Raisa.

El presidente que se ganó el respeto por ser diferente a sus antecesores, pues no usó el asesinato o la tortura para los fines del gobierno, como Stalin, ni tuvo las reacciones impulsivas de Kruschev. En cambio, combinó una actitud amigable, informal en su trato, cálida con sus interlocutores y con sentido de humor agudo, pero firme en sus convicciones.

En un país que pasó de zares y emperadores a un autoritarismo comunista, Gorbachov representó una visión distinta sobre la posibilidad de una Rusia democrática, capaz de trabajar por la paz internacional.

Lamentablemente esa ventana de cambio se ha cerrado y en las últimas dos décadas esa nación ha sido dirigida hacia destinos opuestos a los que él anhelaba.

Internamente, en Rusia se impone un sistema radical, que restringe derechos y se perpetúa en el poder. En el contexto externo, Rusia apoya regímenes dictatoriales y revive los tiempos de la intervención militar y las amenazas nucleares. La invasión en Ucrania además de dejar miles de muertos y más de 14 millones de desplazados internamente y hacia el exterior, alimenta una grave crisis global energética y alimentaria. “En el mundo no hay y no puede haber nada más valioso que la vida humana”, dijo en un comunicado la Fundación de Gorbachov apenas empezó esa guerra, al tiempo que pidió el cese de hostilidades y el inicio de negociaciones de paz.

En un mundo donde persisten conflictos de todo tipo, el legado de Gorbachov debe enseñarse a las nuevas generaciones. Porque es un ejemplo concreto de cómo la visión de un líder puede hacer la diferencia entre escenarios de guerra o de paz; entre visiones de pesimismo o de esperanza; entre el autoritarismo y la libertad.

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