Doris Salcedo

Doris Salcedo

Junio 13, 2019 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

Esta misma semana Doris Salcedo ha vuelto a demostrar que si como artista sobresale entre todos los de su generación es por su insobornable compromiso con las víctimas de los trágicos conflictos que han marcado nuestra historia en el último medio siglo por lo menos.

Para ella las víctimas no se reducen jamás a las noticias que llenan de escándalo las portadas de los periódicos o de los telediarios ni a las gélidas cifras oficiales utilizadas desvergonzadamente por los unos contra los otros para sellar con sangre sus argumentos o reivindicaciones. No. A Doris Salcedo le duelen de verdad las víctimas, como si cada una de las centenares de miles causadas por la furia homicida que ha sacudido cada rincón de esta patria atribulada, fuera alguien de su propia sangre.

Su más inmediata semejanza: una madre, un hermano, un enamorado, una amiga, un vecino, un compañero de trabajo…Ella sí que tiene todo el derecho a parafrasear a Miguel de Unamuno y declarar con el corazón encogido que “le duele Colombia”. No su abstracción, no su bandera, no su cacareada democracia, ni siquiera su geografía: su gente, la de carne y hueso, la alegre y sufrida gente colombiana.

De allí que haya dedicado tantos años a crear obras de arte que son tanto adoloridos homenajes a las víctimas de nuestros enfrentamientos mortales como sabias invitaciones al duelo. A asumir el dolor, a darle salida, a exponerlo, porque, confesémoslo, todos tenemos un muerto firmemente anclado en nuestra vida al que aún le debemos el homenaje irrefutable de las lágrimas.

El homenaje y duelo del lunes pasado se llamó Quebrantos y se realizó en la plaza de Bolívar de Bogotá. O sea en el mismo sitio donde Doris Salcedo rindió tributo en 2002 a los muertos en el asalto al Palacio de Justicia y a los parlamentarios asesinados por las Farc y en 2016 a las víctimas de una guerra sin fin a la que, en el plebiscito de ese mismo año, la mayoría de los colombianos le negaron el final honroso representado por los Acuerdos de Paz.

Quebrantos es, si cabe, la más desesperada. Ayudada por un nutrido grupo de voluntarios la artista escribió con cristales rotos los nombres de 165 líderes populares asesinados después de la firma de los mencionados acuerdos. Su sola enumeración basta para aclarar que la paz aún queda lejos y que lo seguirá estando mientras desde la altura de Bogotá se continúe pensando que ninguno de esos muertos son sus muertos.

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