“Siervo sufriente”

Enero 14, 2023 - 11:15 p. m. 2023-01-14 Por: Arquidiócesis de Cali

*Monseñor Edgar de Jesús García, obispo de Palmira

En el calendario litúrgico de la Iglesia católica comienza en este domingo el tiempo llamado ordinario donde se celebran aspectos relevantes de Jesucristo muerto y resucitado.

Hoy queremos resaltar un rasgo muy característico de Jesucristo llamado “Siervo sufriente”.

Es el profeta Isaías quien nos anuncia con muchos siglos de anterioridad este tema a través de cuatro cánticos que los podemos encontrar en los capítulos 42, 49, 50 y 52.

Los cánticos del “Siervo de Yahvé” describen el aspecto sufriente de Jesucristo que, al hacerse hombre como nosotros, se hizo siervo y se sometió al sufrimiento, a la muerte en la cruz para rescatarnos de la tragedia del pecado.

Pero este paso por la muerte lo llevo, gracias al Espíritu Santo, a la resurrección y nos abrió, a todos, el cielo que estaba cerrado por el pecado.

El cántico segundo de Isaías (Is 49, 1-9) que hoy la liturgia nos ofrece, presenta el siervo de Yahvé como un profeta, animado por Espíritu Santo, que tiene una misión: enseñar a toda la tierra la Palabra de Dios, con discreción y firmeza, a pesar de las oposiciones.

“No vociferará ni alzará el tono, Y no hará oír por las calles su voz. No partirá la caña quebrada. Ni apagará la mecha humeante”.

Precisamente el evangelio de hoy tomado de San Juan 1,29-34 nos ofrece el testimonio de Juan el Bautista que dice de Jesús: “Yo presencié como el Espíritu descendía del cielo como paloma y permanecía sobre Él.

Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, es que ha de bautizar con Espíritu Santo. Yo lo vi y declaro en calidad de testigo, que Él es el Hijo de Dios”.

Este hermoso testimonio nos ofrece en otras palabras tres actitudes de Dios con cada uno de nosotros cuando somos bautizados en la Trinidad.
El abrazo amoroso de Dios Padre que nos dice: “Este es mi hijo amado. La fraternidad de Jesús que nos hace familia, iglesia, pueblo de Dios. Y la vida del Espíritu Santo que, a través del sufrimiento y de la muerte, nos hace personas para la vida eterna gracias a la resurrección.

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