Seguimiento en la fidelidad

Seguimiento en la fidelidad

Septiembre 16, 2018 - 06:05 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí y por el Evangelio, la salvará” (Marcos 8, 34 - 35).

El ser discípulos de Jesús implica seguimiento, fidelidad, generosidad y sacrificio. Quien persevera en estos buenos propósitos logra entender que quien aprende a vivir muriendo, descubre que el morir da vida, felicidad, gozo pleno.

Es también muy conocida la frase de que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Y ese es el llamado que nos hace Jesús, identificado por Pedro como el Mesías, el Hijo de Dios. Él nos invita a seguirlo “fijos los ojos en Él, que inicia y consuma la fe” (Heb., 12, 2).

Nos invita a pensar con la mente de Dios y no con la mente de los hombres, porque es la única forma de tener una vida consagrada, entregada y alegre.

Es necesario que todos nos preguntemos cuál es el significado y el valor de nuestra religión y de nuestra fe. Es posible que las veamos sólo con la mirada humana, ‘desacralizando’ lo sagrado, sacando a Dios, con sus exigencias, del camino de la vida de cada uno.

Cuando ‘desacralizamos’ a Dios no vamos a ser capaces de seguirlo, de imitarlo y de anunciarlo. No vamos a ser felices.

Así entonces, cuando hacemos un acercamiento al origen de tantas situaciones de dolor en la sociedad y en la Iglesia, se puede concluir que a la base de todo se encuentra el querer ‘acomodar a Dios al mundo’ rechazando la cruz que implica todo compromiso de vida.

¿Por qué se rompen los matrimonios y hay en ellos infidelidades?, pues porque se piensa como el mundo y se relativiza la virtud de la fidelidad.
¿Por qué los escándalos de parte de algunos clérigos y consagrados?, pues porque con seguridad están buscando solo salvar sus vidas en el nombre de Dios, olvidando los compromisos de fidelidad y consagración que los llevó a responder al llamado de la Iglesia.

El Papa Francisco, nos ha invitado a orar, a ser coherentes y a perseverar en el auténtico seguimiento del Señor Jesús, en la vocación particular a la que cada uno ha sido llamado. Que la reprensión de Jesús a Pedro nos mueva a convertirnos de corazón.

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