En el mar

En el mar

Septiembre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Caía la tarde y era la última inmersión. Después de tres días en Gorgona iba a ser una inmersión poco profunda. Caímos al mar en el viudo un par de rocas separadas de la isla con una fauna espectacular. De pronto vi cómo los dos camarógrafos que nos acompañaban pasaban arrastrados por la corriente sin el regulador en la boca, y luego me tocó a mí. Nos habían advertido que había que resistir la fuerza de las olas para no ser lanzado sobre las rocas externas y cuando la corriente me sacó me aferré como pude a la punta de la montaña submarina. Abajo veía al instructor ayudando a alguno de los buzos y me señalaba que esperara. Muy prontamente me cogió de la mano y me llevó nuevamente al fondo del mar donde pargos, jureles bravos, tortugas, barracudas, tiburones y un sin número de peces revoloteaban espectacularmente. A esa hora la fauna se alimenta. De la mano de un buzo alemán terminamos la inmersión pegados al piso empujándonos con las manos entre corales y rocas. Al salir nos abrazamos fraternalmente porque había sido una extraordinaria experiencia. Regresamos al MS Anita y ya camino a Buenaventura, felices y eufóricos compartimos esa amistad que nunca se pierde, la amistad de los buzos.Esta fue la segunda vez que buceé. Afiebrada por las maravillas del mar, visité El Mar Rojo, Cuba, Parque Natural de Saba, Galápagos, Los Seychelles, La Gruta Azul en Italia, Grand Bahamas, Dominica, Indonesia, Cozumel, Mar de Cortez. En Gorgona he visto los tiburones martillo cuidando en la Montañita el bronce de Jaime Ramírez. He sido cobijada por la manta diabla, bebido champaña y experimentado sentirme sola sin buzos alrededor y tener que abortar la inmersión.Hace menos de seis meses fui a Gorgona en el María Patricia, ese barco que tan profesionalmente capitanea Harold Botero y el que hoy lamenta la pérdida de sus buzos y la muerte de uno de ellos. Allí compartimos con Carlitos Jiménez tertulias inigualables. Lo escuchamos hablar sobre las experiencias de sus 3.000 inmersiones y recibimos consejos para el éxito de la inmersión, él fue nuestro guía, nuestro amigo, nuestro maestro. La aparición del cuerpo sin vida de Erika Vanesa nos ha llevado a especular sobre su muerte, será que sufrió de hipotermia y ahogamiento o quizá más bien de narcosis. Ese estado de euforia y felicidad que sentimos los buzos cuando se exceden los niveles de nitrógeno residual, nos quitamos el chaleco, el tanque, el regulador y el traje, soltamos la careta y las aletas y nos vamos felices a las profundidades marinas. Yo tenía un amigo que decía que su más ferviente deseo era que su muerte acaeciera en el mar y tras un último polvo, ser feliz y perderse en la inmensidad del océano. Sigue en Twitter @Atadol

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