Terrorismo vs inteligencia civilista

Terrorismo vs inteligencia civilista

Febrero 05, 2019 - 11:40 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

El terrorismo es atroz y bárbaro. A pesar de ello y siendo claramente injustificable, es necesario entenderlo en su esencia política. Hoy en día, es un fenómeno que se repite en los países centrales más avanzados, como en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Bélgica y en países periféricos, como Argentina, Colombia, Siria, Iraq y Afganistán, entre otros. El terrorismo produce, relativamente, pocas víctimas mortales (en relación con la guerra). Las víctimas son inocentes que no tienen que ver con el conflicto (también en el caso de los cadetes de la Policía). Produce al mismo tiempo un temor y un sentimiento de inseguridad y pánico generalizados entre la población. Los autores-victimarios demuestran una situación de ‘debilidad’ frente al Estado. De allí que apelen al terrorismo, buscando, en el mediano plazo, ganar presencia entre la opinión pública y cambiar a su favor la relación de fuerzas.

En la disputa por los espacios de opinión, un problema nodal es la manera como los Estados y los gobiernos de turno responden al terrorismo. En algunos casos, la respuesta ha sido desmesurada e igualmente terrorista sobre población civil indefensa. El caso más recordado es la respuesta al atentado de las torres gemelas en Nueva York que dejó 3.000 víctimas, pero que desencadenó una guerra en Iraq, contra el régimen y contra la población, con víctimas inocentes mucho más numerosas. Hay otros casos de respuesta injustificable como son las retaliaciones del Estado judío por el terrorismo que viene de grupos palestinos, que han afectado indiscriminadamente a la población civil palestina. Responder de esta manera al terrorismo implica que los mismos Estados pierdan legitimidad y que la contraparte la gane. En otros casos, los Estados prefieren desarrollar estrategias de ‘inteligencia’, para desmantelar, progresivamente, las redes terroristas que tienen sede en varias naciones o incluso dentro del mismo país afectado, como es el caso de la ETA.

Pensando en Colombia y en el atentado bárbaro contra la Escuela de Cadetes General Santander, no me cabe duda de la importancia que se le debe dar a la estrategia de ‘inteligencia’. Es significativo que el Comandante del Ejército haya hecho una declaración en este sentido. Hay que esperar que se desarrolle dentro de la ley y el respeto a los Derechos Humanos. Esta estrategia debe ser compatible con otra que, sin darle fuerza al enemigo terrorista, lo lleve al terreno de la negociación política para dejar las armas y las tácticas de violencia.

Por esta razón, el presidente Duque lo mejor que puede hacer es dar por terminadas las negociaciones en La Habana, respetando los protocolos para su desmonte. Pero dejar abiertas las puertas para un diálogo posterior con condiciones muy precisas. Entre ellas: una declaración del ELN en la que afirme su voluntad de dejar las armas de una vez por todas; la puesta en libertad de todos los secuestrados y un cese unilateral del fuego inmediato.

Con estas condiciones cumplidas, el presidente Duque deberá diseñar su propio protocolo con países garantes. La política da muchas vueltas: hoy, el presidente Trump quiere retirar sus tropas de Siria, está negociando con los talibanes en Afganistán y también con el Presidente norcoreano que ha amenazado con utilizar arsenal nuclear. La política internacional de Trump no se sabe a dónde pueda llevar. Es pragmática sin principios, con la bandera del “America first”. Volviendo a Colombia, hay que tener en cuenta los pasos enormes que hemos dado para golpear el terrorismo interno. Es mejor tener una posibilidad de negociar con la expectativa de fortalecer la esfera pública y el Estado. El terrorismo se confronta con inteligencia civilista.

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