Se agudiza la incertidumbre

Octubre 25, 2022 - 11:50 p. m. 2022-10-25 Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Sin duda la incertidumbre en el mundo sobre el futuro económico es hoy motivo de preocupación. A raíz de la pandemia del Covid-19 las economías del mundo entero se frenaron súbitamente. La reacción generalizada de los gobiernos fue exigir la reclusión de la ciudadanía, para prevenir el contagio de un virus nuevo y desconocido, que producía efectos letales, especialmente en las personas de más edad, el cual carecía de antídoto conocido. Hubo toda clase de especulaciones de cómo prevenirlo, se mencionó la Ivermectina, utilizada para combatir parásitos. El pánico fue generalizado y contundente.

Por fortuna, con una velocidad sorprendente y gracias a los avances investigativos se elaboraron varias vacunas, unas más efectivas que otras, para detener el ciclón que nos doblegaba.

Para luchar con la parálisis económica, todos los gobiernos, sin excepción, inyectaron liquidez a los mercados mediante endeudamiento. Como consecuencia obvia se produjo una inflación generalizada. Los efectos sobre las brechas económicas y la pobreza se profundizaron. A veces nuestra memoria es frágil y apenas pasa la tormenta nos olvidamos de los hechos casi de inmediato.

En Colombia dicha incertidumbre se generalizó y se acentuó. El gobierno del presidente Petro a raíz de sus declaraciones, sus tweets y de manera especial las de sus ministros, se ha encargado de potencializar la incertidumbre.

La ministra de Minas, Irene Vélez, se ha manifestado enemiga de la industria petrolera y gasífera, por sus efectos nocivos para el calentamiento global, ignorando sus contribuciones al bienestar económico de los colombianos, su contribución a la balanza comercial y al fisco.

Gracias a esta industria hoy estamos viviendo sin afugias en las importaciones, indispensables para la canasta alimentaria. Gracias a esta industria Ecopetrol ha crecido y hoy en día contribuye sustancialmente al incremento de los ingresos del gobierno. Sus desacertadas intervenciones han espantado a todos los inversionistas.

Este gobierno no ha comprendido que, si bien es necesario el cambiar las fuentes de energía por las llamadas limpias como la solar y la eólica, el proceso tomará décadas y necesariamente será gradual. En los últimos 10 años se ha invertido $3,8 trillones mundialmente para dicho propósito y únicamente se ha logrado que hoy el consumo de energía producida por hidrocarburos y gas sea 81% en lugar de 82% en la década pasada.

Como si fuese poco se presentó una reforma tributaria que cambiaba las normas que rigen a las zonas francas, haciéndolas prácticamente inútiles como instrumento para impulsar el crecimiento y el desarrollo, además de otras propuestas muy controvertidas, como el inmenso gravamen a la industria de los hidrocarburos, el impuesto a las gaseosas y a los alimentos procesados. Omito otras adehalas en aras a la brevedad de una columna. 

La incertidumbre generalizada, además, ha producido un encarecimiento inusitado del dólar, la moneda colombiana ha sido la campeona en Latinoamérica en cuanto a su devaluación reciente.

Lo paradójico es que tanto la parálisis en las inversiones del sector privado como el encarecimiento de la deuda en pesos y el valor de nuestras importaciones, a quien va a perjudicar en mayor grado es a la población más pobre, la que supuestamente dice el gobierno defender.

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