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Abril 11, 2021 - 11:35 p. m. Por: Alejandro Éder

Dos millones y medio de compatriotas han sufrido de covid y por lo menos 65 mil han muerto. Ni hablar de lo que falta. Sin embargo, como ya sabemos, el golpe más duro de la pandemia será lo social. Son millones las familias colombianas que hoy sufren consecuencias económicas devastadoras. Es por eso que muchos ciudadanos en las ciudades capitales se preguntan por estos días en medio de la tercera ola y de nuevos toques de queda si es preferible morir de covid o de hambre. Desafortunadamente, no hay respuesta fácil.

Lo primero es no olvidar que estamos ante una emergencia global sin precedentes, tanto en cuanto a la emergencia sanitaria como la económica. Esto significa que no hay experiencias pasadas para sacar lecciones de cómo manejar una crisis total de esta magnitud. Los países asiáticos quizás tienen una leve ventaja en el manejo de la emergencia sanitaria porque ya han pasado por epidemias similares como el Sars, pero sus realidades culturales en pro de la disciplina social y sus formas más autoritarias de gobierno dificultan que asimilemos sus lecciones.

Mientras en las democracias de libre mercado seguimos debatiendo si es mejor cerrar para proteger la salud o abrir para salvar la economía, hoy ya sabemos que el Covid gana con cara o sello. A manera de ejemplo, están los casos de los dos estados más ricos de Estados Unidos, California y Texas. El primero adoptó una política de máxima restricción y cuarentenas. El segundo, se ha mantenido abierto y en momentos ni ha exigido el uso de tapabocas. El resultado es que, si bien las muertes por el virus son un poco más altas en Texas que en California (127 versus 104 por cada 100 mil habitantes), el golpe adverso a la economía y al empleo es estadísticamente el mismo en ambos.

A mediano plazo, lo único que nos queda es lograr la inmunidad de rebaño que se estima que llegará una vez al 70% de la población mundial cuente con anticuerpos del virus ya sea porque se enfermó y se recuperó o porque fue vacunada. Estamos lejos aún, pues a manera de ejemplo en Cali se estima que sólo el 30% de la población se ha infectado. Por lo tanto, la gran esperanza es la vacunación que, como ya sabemos, va muy lenta en Colombia y el mundo por falta de disponibilidad y equidad en la distribución de las vacunas. A nivel mundial se han administrado 500 millones de dosis, el 80% de estas en tan solo 9 países. En Colombia 2,2 millones de personas han recibido por lo menos una dosis de la vacuna, y de estas tan sólo 745 mil han recibido las dos necesarias para quedar vacunado.

En el entretanto, hay tres acciones prioritarias que debemos tomar.
Primero, Colombia debe gestionar de manera insistente para que Estados Unidos nos done o venda parte del exceso de vacunas que tendrán próximamente, pues adquirieron suficientes para inocular a 400 millones de personas, pero solo tiene 270 millones de ciudadanos aptos para recibirlas. Segundo, necesitamos que se destinen más recursos públicos para crear y salvaguardar empleos formales. No es suficiente con sólo brindar apoyos humanitarios que a la larga no serán sostenibles, a pesar de ser tan necesarios. También se requiere dinamizar sectores generadores de empleo. Finalmente, se debe martillar en la ciudadanía las medidas de autoprotección como un mantra ineludible: lavado de manos, usar tapabocas y distanciamiento social. Si las aplicamos con la disciplina del caso, estas medidas tan sencillas nos permitirán mantener un mínimo grado de normalidad mientras superamos la tormenta.
Sigue en Twitter @alejoeder

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