Hambre cero

Agosto 28, 2022 - 11:35 p. m. 2022-08-28 Por: Alejandro Éder

Desde 2015, las Naciones Unidas adoptaron 17 objetivos para proteger al planeta, luchar contra la pobreza y avanzar hacia su erradicación, con el fin de tener un mundo más próspero, reducir las brechas de desigualdad y construir un entorno sostenible. El segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible plantea que el mundo erradique el hambre. Esto quiere decir que nunca más un ser humano vaya a dormir sin haber comido lo mínimo necesario.

Cali, por supuesto, no es ajena a este objetivo. En particular con la pandemia tuvimos un baño de realidad porque nos permitió ver con mayor claridad cómo miles de familias caleñas pasan sus días con la angustia de no tener un plato de comida en su mesa. En 2021, el 32% de la población tuvo que dejar de consumir al menos una de las tres comidas básicas porque simplemente no había forma de acceder a la compra de alimentos. Hablamos de casi 900.000 personas que no se alimentaron bien el año pasado, equivalente a 20 estadios como el Pascual Guerrero completamente llenos. Un horror que nadie en el mundo debería vivir. Esto es más doloroso cuando sabemos que se estima que cada persona desperdicia al año 32 kilos de alimentos.

El hambre no llegó con el covid-19; ya en 2019, el 15% de la población caleña vivía con hambre. Por esa razón, en ese año se duplicaron los comedores comunitarios y se pasó a casi 400 mil raciones de comida diarias distribuidas. Este drama golpea con particular fuerza a las familias con niños, de los cuales siete de cada 100 sufren desnutrición crónica. La mayoría de los casos de desnutrición aguda y crónica se sitúan en las comunas 12, 13, 14, 15, 16 y 21, en el oriente de Cali, en una clara relación con el desempleo, la informalidad y la pobreza.

La desnutrición es una consecuencia directa de la pobreza. Una mamá o un papá que no logran reunir ingresos suficientes para su hogar, quizás por ser un vendedor informal ambulante, no podrá alimentar bien a sus niños. La pobreza atenta contra la salud de los más pequeños. Eso nos indica que debemos aumentar la capacidad de los comedores comunitarios y recuperar la gobernanza y transparencia del Programa de Alimentación Escolar, que pueda además incluir desayuno y almuerzo en las instituciones educativas, pero sin omitir que la raíz del problema está en la pobreza y la mejor forma de enfrentarla es con empleos de calidad y generación de ingresos para las familias.

Tenemos que fortalecer al Estado, pero también a los mercados y ahí el desarrollo empresarial y el trabajo de la empresa libre cobra gran importancia. En Cali, Compromiso Valle, impulsado por ProPacífico, es un claro ejemplo de cómo podemos sintonizar a todos los sectores de la sociedad para enfrentar los grandes retos sociales que tenemos frente a nosotros. Debemos llevar a Cali a una situación de hambre cero, presupuesto fundamental para construir la paz en las comunidades y un paso gigante por la igualdad.

La producción agrícola en la zona rural, programas públicos de seguridad alimentaria administrados con excelencia y una economía sólida nos darán las herramientas para que en esta década logremos que nadie vaya a dormir con hambre. Hemos avanzado, pero podríamos ir aún más adelante en la construcción de una sociedad más justa y sin pobreza. Que Cali sea líder en la erradicación del hambre es posible.

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