Hagámonos sentir

Febrero 13, 2022 - 11:40 p. m. 2022-02-13 Por: Alejandro Éder

Hace varios años, quizás desde principios de la década del año 2000, el Valle del Cauca no se enfrentaba a un panorama tan complejo en materia de orden público, empleo y en la realidad que vivimos sobre nuestro futuro. En Cali, el 70% de los ciudadanos son abiertamente pesimistas luego de casi dos años de pandemia y desgobierno; este escenario desalentador se deterioró aún más con el paro nacional y bloqueos, que, aunque para algunos tuvo motivos legítimos, apartó a la ciudadanía del Estado, y dejó en los vallecaucanos la sensación justificada de que nuestros líderes locales brillaron por su flojedad y que lo que ocurre acá poco importa al Gobierno Nacional.

Hablemos claro, el Valle ha estado relegado de las prioridades del Gobierno Nacional desde hace décadas. Una mezcla lamentable del auge del narcotráfico y cultura de la ilegalidad, liderazgos públicos y privados regionales difusos y el abandono de las autoridades nacionales han dejado en el escenario un rezago cada vez más perceptible con respecto a otras ciudades y departamentos del país. En los últimos 20 años, ciudades como Medellín construyeron un sistema de buses rápidos, ampliaron la cobertura de teleféricos y dejaron lista una tercera línea del metro; por otro lado, Barranquilla tomó la iniciativa con apoyo de la Nación de convertirse en la capital del Caribe para el mundo. En contraste, en Cali parece que todo se hubiese detenido.

La importancia del Valle del Cauca no está en discusión, aunque parece necesario reafirmarla. Es la tercera dinámica económica del país y cuenta con el mayor número de ciudades intermedias; tiene el tercer aeropuerto del país en número de pasajeros; tiene la oferta productiva más diversificada y cuenta con el principal puerto por volumen de carga. Además, por su ubicación geográfica, es el mejor enlace de Colombia con el Asia y la economía global. Mas sin embargo, obras como la vía Buga- Loboguerrero están dilatadas, no hay una solución a la vista para la concesión del Ferrocarril del Pacífico y se duermen proyectos estratégicos como la segunda pista del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y el dragado del puerto de Buenaventura. Todo, sin razón y sin rendir cuentas.

En materia de seguridad, uno ve con cansancio cómo el Valle del Cauca no aparece en la agenda electoral nacional. A pesar de la grave situación que tenemos en las faldas de la ciudad que están sembradas de coca desde Jamundí para abajo, la minería ilegal que está fuera de control en la región Pacífico y la seguridad ciudadana que se ve amenazada por terroristas y delincuentes, ni gobierno ni aspirantes a la Presidencia nos atienden ni refieren. Alertas tempranas por violencia inminente que afecta a 17 municipios, entre ellos Cali, Jamundí, Yumbo y Buenaventura, no han sido atendidas. A los candidatos del Ejecutivo y Legislativo, un llamado de atención.

Estimado ciudadano, ni Cali ni el Valle aguanta más esta situación. No aguantamos más. Si bien lo más importante que debemos hacer es recuperar el buen manejo ético, técnico y correcto de la alcaldía y los asuntos públicos de Cali, no ignoremos la importancia de contar con buenos representantes y aliados en Bogotá. Eso significa candidatos serios y capaces. También significa que los candidatos que dejen claro la importancia de recuperar el rumbo de Cali y el Valle para la nación sean los que preferimos. Tendremos que trabajar unidos para lograrlo -voto y elegidos- y deberemos apoyarlos, para que como vallecaucanos no permitamos que nuestro departamento siga al garete por fuera de la agenda nacional.

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